viernes, 2 de diciembre de 2011
La Economía Imaginaria
El país imaginario se levanta todos los días, y sus ciudadanos trabajan para hacer crecer un PIB imaginario. Contraen deudas imaginarias para comprar bienes imaginarios, casas imaginarias, para disfrutar de sus vacaciones imaginarias. El gobierno imaginario propone leyes, y los parlamentarios imaginarios las aprueban. Firma tratados de libre comercio imaginario, para exportar mercancías imaginarias...
Más allá del pastiche antipoético, los mercados imaginarios existen. De hecho, la naturaleza de los mercados financieros es ser un poco imaginarios. O totalmente imaginarios.
Los contratos a futuro, por ejemplo. Se contraen sobre la base de una producción imaginaria, para comprar y vender materias primas que no llevarán a cabo. Se rescinden antes de que venza su plazo, y su único fin es “cubrir” a las partes del riesgo de fluctuación en los precios.
Y qué hay de la securitización, el más imaginario de los productos. Un banco junta una hipoteca, otra hipoteca, cinco mil hipotecas, y arma un solo paquete. Lo subasta en el mercado y lo que recauda le sirve para… seguir prestando. Plata completamente imaginaria, pero que se usa de manera muy real.
Y así el país imaginario emite bonos imaginarios, que unos inversionistas imaginarios compran para equilibrar sus pasivos imaginarios. El problema surge de cuando las deudas imaginarias se tornan reales. Cuando la agencia imaginaria de calificación de riesgo saca las cuentas reales, cuando la superintendencia imaginaria despierta de la siesta. Ahí las empresas imaginarias y los estados imaginarios pasan susto. Los gobiernos imaginarios caen. Las promesas imaginarias se revelan como lo que son. Y, en el mejor de los casos, los ciudadanos imaginarios se tornan ciudadanos reales, y dicen basta.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Por si se Acaba el Mundo
No sé por qué la primera imagen que se me viene a la mente con la crisis europea es Raffaella Carrá. Según Umberto Eco, la base electoral de Berlusconi son los adultos mayores que ven televisión, los millones que siguen los shows de variedades de la diva italiana y no se pierden cada vez que la RAI repite alguna película picaresca con Alberto Sordi. Es la imagen de una Italia idealizada, sin inmigrantes, sin crisis demográfica ni fiscal. Estaban las Brigadas Rojas, la inflación de dos dígitos, la vieja lira que ni los mendigos aceptaban al otro lado de los Apeninos, pero en fin: todo tiempo pasado fue mejor. Con sus cirugías pláticas y su priapismo de emperador romano Cinecittà-style, Berlusconi encaraba ese sentimiento.
Por estos días discutíamos con mi amigo y colega Rodrigo Lara acerca de si la crisis es producto del Estado de Bienestar. Por cierto, no me sumo a la Doctrina de Shock como la entiende Naomi Klein: esos zarpazos de puma que le permitieron al neoclasicismo económico tomarse la política, responsabilizar a los sindicatos de todos los males del mundo y proceder a la financiarización desregulada de todo lo existente.
Sí creo que la democracia social y el Estado de Bienestar están en una crisis fundamental en una serie de países europeos (casi todos) que cumplen con al menos uno de los siguientes requisitos.
1. Viejos imperios coloniales desindustrializados, pero que conservan importantes aparatos de defensa.
2. Países que financiarizaron con deuda pública sus brechas de productividad y sus tasas de dependencia demográfica (jubilaciones).
3. Países que ya no tienen banco central.
4. Países que dejaron de ahorrar y se lanzaron a furiosas especulaciones inmobiliarias.
5. Países que soportan altos niveles de corrupción administrativa.
6. Países periféricos donde además se dieron los puntos 2, 3, 4 o incluso 5.
Estos seis puntos abarcan a casi todo el continente. Y las excepciones son llamativas:
1. Alemania, el único que conserva una base industrial, con saldo de productividad positivo y competitividad al alza gracias a la moneda única.
2. Países escandinavos que aún conservan sus monedas nacionales, tienen petróleo como Noruega y fueron muy cautelosos a la hora de financiarizar (Suecia, Dinamarca).
El rumor que corría hoy es que los bancos europeos estuvieron a punto de quebrar anoche. Lo sostiene un columnista de Forbes, cuyas opiniones hay que tomar con distancia. En cualquier caso algo grave debe haber motivado la acción conjunta de los principales bancos centrales del mundo para aumentar la liquidez del sistema. Sí, mientras usted dormía, los teléfonos sonaban sin parar entre Tokio, Washington y Frankfurt. Como cantaba Raffaela: por si acaso se acaba el mundo…
martes, 29 de noviembre de 2011
¿Déspota o Mayordomo?
Un lugar común en todas las novelas y películas cuyos personajes son inmigrantes griegos es cierto chauvinismo de baja intensidad. Diálogos tipo:
-Ah, la democracia, los griegos inventamos la democracia…
-Sí, papá, y también la hipocondría.
-Y la aracnofobia.
Por cierto, economía también es una palabra de origen griego. Viene de oikonomos, aquel que se ocupa del hogar. Era una suerte de mayordomo que se encargaba de llenar la despensa, mantener en orden a los esclavos, etc. El verdadero jefe, el patriarca, era el despotes. Aristóteles los distingue a ambos, y los pone en una esfera inferior al politokos, el tipo que se aboca a los asuntos públicos. El mero mero.
El ecónomo sobrevivió al colapso del mundo helénico y latino con la iglesia católica. El ecónomo pasó a ser aquel sacerdote que se encargaba de los asuntos domésticos de la parroquia o de la diócesis. Y quizá lo habría seguido siendo de no intervenir la reforma protestante y, probablemente, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Adam Smith. que de niño fue secuestrado por los gitanos, acuñó el término political economy. Nacía así el economista clásico, un filósofo social que estudia la riqueza de las naciones.
El economista-político siguió siendo una figura relativamente marginal en la ciudad letrada, ubicado varios peldaños por debajo del jurista-legislador. Smith y Ricardo precisamente viven quejándose del poco caso que hacen los políticos-políticos a la joven doxa económica. Marx pensaba lo mismo y decidió cortar por lo sano: el único camino para el triunfo de la economía-política era sublevar a los obreros.
No contaba con el advenimiento de los neoclásicos. Esta nueva generación de economistas abjuró de la molesta mitad “política” al mismo tiempo que tomaba la política por asalto. No fue con los obreros sino con los empresarios y los grandes bancos, la Heritage Foundation y la Universidad de Chicago; con Thatcher, Reagan y la dictadura chilena. Así, en 2000 y pocos años, el economista había pasado de mayordomo a déspota. Reduciendo el Estado, financiarizando la vida, apalancando el medio ambiente.
La crisis que se inició en Grecia, primero como comedia, luego como drama y ahora como tragedia, es una buena oportunidad para que la economía vuelva a sus orígenes. Desde hace treinta años los economistas o son los déspotas de la polis, o bien se ha dedicado a desarrollar modelos cada vez más complejos de valoración de activos. Ingeniería balística (rocket science) para la financiarización del mundo y de la vida. No estaría mal que volvieran a preocuparse seriamente de asuntos como alimentar al mundo sin acabar con los recursos naturales. Cosas del hogar.
domingo, 27 de noviembre de 2011
América Latina
A primera vista América Latina es un himno nacionalista-populista, una especie de Canto General Reloaded, visibilizado y retransmitido a la velocidad de las redes sociales.
Pero es mucho más que eso.
La letra, inspirada como todas las de Calle 13, opera como un llamado, un relato de la identidad, pero también como demarcación, el trazado de una frontera entre lo económico y lo ético. Por una parte celebra la trampa de Maradona como triunfo antiimperialista, por otra afirma que el capitalismo no puede comprar la vida. Una afirmación valerosa, cuando no temeraria, en un mundo donde la economía financiera supera con creces a la economía real: las deudas son varias veces los salarios, los contratos futuros son más que todas las materias primas que produce el planeta.
Desde el siglo XVI la vida no ha dejado de financiarizarse, con distintas velocidades y alcances. Ya en ese entonces la corona española empeñaba sus flujos de oro y plata de América. Los banqueros holandeses y genoveses la adelantaban el dinero que aún no salía de las minas de Potosí (a un 30% de interés) para que el piadoso Felipe II pudiese financiar sus palacios y sus guerras de religión.
Es un lugar común decir que el neoliberalismo ha privatizado el agua, pero la verdad es que esto ocurrió mucho antes. Napoleón III fue el primer gobernante en licitar la gestión del agua a una empresa privada, en este caso una filial del Crédit Leyonnais. Hoy esta multinacional (rebautizada como Suez) ha extendido su modelo de gestión a gran parte del mundo. El agua es escasa y la lluvia no se puede comprar, pero Suez sabe cómo manejarla y crear valor para sus accionistas.
Las vidas no se pueden comprar, pero si hipotecar y financiarizar. Si una empresa uruguaya produce 10.000 calzoncillos mensuales, y para ello emplea a 50 personas, esos 50 sueldos se pagan a través de un banco dispuesto a adelantarle al trabajador el equivalente a varios meses de salario para que se compre un plasma. O sea que, mensualmente, no se generan solo 10.000 calzoncillos y 50 sueldos, sino tantos como el sistema financiero pueda (y esté dispuesto) a multiplicar a través de sus distintos instrumentos. La educación está financiarizada desde el momento en que las instituciones (tengan o no fines de lucro) hacen esta misma operación con las matrículas y mensualidades que pagan los alumnos. Y lo mismo la salud y la vejez.
La diferencia entre un país como Angola y otro como Chile radica en que, en Angola, estas operaciones no tienen lugar, o su proporción frente a la economía real es aún bajísima. No existe en África un mercado en torno a la posesión de la tierra, salvo allí donde existen recursos naturales de interés para las multinacionales brasileñas o chinas.
En otras palabras, nuestros niveles de vida actuales se construyeron sobre esta multiplicación mágica (no existe otra palabra) de nuestro valor económico como generadores de algún tipo de producto físico o simbólico, una operación que consiste en traer al presente lo que produciremos a futuro. ¿De qué otro modo, si no, seríamos capaces de construirnos casas, desplazarnos en vehículos alimentados con combustibles fósiles, abordar aviones y viajar 12 mil kilómetros hacia el otro rincón del mundo? Un estudiante universitario es un flujo de fondos, lo mismo que un enfermo de cáncer o la cuenca de un río. Activos y pasivos que se traspasan, un spread que alguien capitaliza.
Y en cuanto a la política, la actividad que supone debiera arbitrar estos procesos, es sintomático que los grandes discursos ya no provengan de los propios políticos, sino de cantantes como René Pérez, alias Residente.
viernes, 25 de noviembre de 2011
El Asteroide de la Deuda
Hace 15 años Jean Baudrillard escribió un texto visionario sobre la deuda. Fue a mediados de los noventa, cuando las estatuas de Lenin se habían desmoronado en todo el mundo y los teóricos se apuraban en levantar teorías del fin de la historia. Baudrillard, que ya dudaba de la guerra del Golfo, tomó dos imágenes: la del contador electrónico de Times Square, en Nueva York, que indicaba el incremento de la deuda nacional estadounidense, y la del centro Pompidou en Paris, que contaba los minutos que faltaban para el año 2000. El contador de Nueva York no paraba de subir. El de Paris disminuía. Uno era un plazo, el otra una promesa. El plazo se cumplió (como tenia que ser) pero la promesa no.
Decia Baudrillard que la deuda era un universo paralelo, completamente descentrado e independiente del mundo real, porque las grandes deudas, la de los Estados y de las multinacionales, nunca se paga, se renegocian, se refinancian, se chutean a dos, tres, cinco años, al infinito y más allá. Parece ridículo pero así funciona el mundo, así se construye el ahorro previsional, las pólizas de seguro. Su AFP recoge su cotización, la junta con todas las demás y compra activos en el mercado. Y si usted tiene que jubilarse, las vende.
“If time is counted [si le temps nous est compté], the missing money is beyond counting [au-dela de toute comptabilité]… There will be no judgment day for this virtual bankruptcy…”
Es cierto mientras los acreedores no cobren al mismo tiempo. El problema que el filósofo francés no vio, en el mundo de la levedad posmoderna de aquel entonces, es que las deudas interconectadas entre un país y otro eran una bomba de tiempo. Porque si existe un día del juicio para la bancarrota virtual del sistema: la pérdida de la confianza. Las deudas de un país chico tenían el poder de arrastrar a las de otro más grande. Y así quebraron Tailandia en 1997, Rusia en 1998, Brasil en 1999 y las Punto Com de marzo de 2001. Pero para que estas deudas impagables no reventaran a sus acreedores (los bancos, los fondos de pensión y, finalmente, usted), el principal Banco Central del mundo comenzó a regalar dinero. “Refinancien sus deudas”, decía Alan Greenspan en aquel entonces. Y que siga la fiesta. Era el tiempo de las raves y de la música tecno...
Pero cuando las deudas hipotecarias de EE.UU. fueron insostenibles, siete años después, ya no fue tan fácil sacar conejos del sombrero. Se evitó una corrida bancaria pero se socavo la fe pública. Se ganó tiempo, y ahora el tiempo se acabó. La deuda ya no es el universo paralelo de los tiempos de Beaudrillard, sino un asteroide que se devuelve directo al corazón del sistema. Hay que pagar al menos una parte, pero el chanchito está vacío.
Un sitio de finanzas español ha hecho la colosal tarea de ilustrar quién le debe a quién y cuánto, en un entramado del que dependen los ahorros, las jubilaciones y las pólizas de seguro de cada uno de nosotros. EE.UU., por ejemplo, debe 5 billones de Euros, 1/5 de los cuales esta en poder de inversionistas británicos. Estos, a su vez, deben 3,6 billones, cifra monstruosa para un país que tiene una población significativamente menor. Italia debe 1,2 billones, principalmente a Francia.
El mapa de las deudas tiene el doble mérito de ilustrar el mapa de poder. Alemania y Francia están en un pie relativamente equilibrado porque sus deudas están cruzadas y a un monto similar (el saldo es levemente positivo para Francia).
El tiempo corre contra Europa tal como en la metáfora de Beaudrillard. Y la razón es la siguiente. De los casi 1.200 millones que debe Italia, 307.000 millones vencen el próximo año. Como no los puede pagar, tiene que refinanciarlos. Eso significa que la única manera de pagar un bono, digamos, por100 millones, es emitir otro bono. Pero ahora los mercados ya no confían en Italia y le cobran más por prestarle: Monti y su equipo de tecnócratas de la Universidad Bocconi tendrán que emitir un bono por 110 millones para recaudar 100 y usar la plata para pagar el bono interior. Multiplique ese diferencial de 10 puntos por 3.000 y se hará una idea de cuánto tiene que pagar Italia solo en intereses para seguir funcionando como país.
Y así con España, Portugal, Grecia, Irlanda…
Todo el nivel de vida europeo, el Estado de Bienestar, las vacaciones, las casas de veraneo, la salud y la educación, el caviar y la farándula, se basa en deuda, y por primera vez ese acreedor implacable que es el tiempo ha venido a cobrar lo suyo. Baudrillard tenía razón al señalar que la bancarrota virtual era el discurso implícito de la época. El de ahora es que las pérdidas de los bancos y la bancarrota de los estados es la de los ciudadanos: adiós pensiones, adiós subsidios, adiós museos y festivales de ópera. Por eso muchos están en la calle.
lunes, 17 de octubre de 2011
Crisis y tapas
Leer el Financial Times en un barcito de Chueca, en Madrid, hace a cualquier economista sentirse cool. Incluso a un economista marginal.
A menos de una semana de la reunión de jefes de gobierno decidirá el futuro de la UE, el aspecto de la capital española es más bien saludable. Nada que ver con Buenos Aires en diciembre de 2001, que economista marginal visitó a días del corralito. Aquí los bares siguen llenos de domingo a domingo, y calles atestadas de turistas reventando sus euros. Incluso la multitudinaria protesta de los Indignados en la Puerta del Sol, el sábado, parece más bien un síntoma de buena salud que de enfermedad terminal. El cabreo del español es irónico y juguetón, la policía mira pero no interviene. ¿Será por la presencia notoria de familias y adultos mayores? ¿Por no dañar la imagen de España ante los miles de turistas que abarrotan las calles y de los cuales vive el país? Si bien hay banderas republicanas y carteles con frases como “Señores del Senado, el coño me tienen mareado”, la multitud se dispersa sin incidentes cuando los organizadores así lo solicitan. Y venga, nos vamos de copas.
La noche misma del encuentro, un grupo de okupas se tomó el abandonado Hotel Madrid e instaló un cuartel de propaganda regido por la democracia directa. En la puerta tapiada del establecimiento colocaron carteles con sus “resoluciones de asamblea”, todas de un sentido común y una civilidad que arrancarían pifias de sus émulos latinoamericanos: no dañar los locales, negociar con la policía en caso de desalojo y, si media resolución judicial, salir en paz y sin violencia.
Sin el aparato disciplinario ni las desigualdades sociales de América Latina, el español no parece inclinado al reclamo agrio, ese que sale de un pecho repleto de agravios personales y tribales. Una carrera universitaria (pregrado) cuesta en España unos seiscientos euros. Eso por el lado de los activos. Porque por el de los pasivos está el peso creciente de las pensiones, la escasez de agua (el desierto avanza sobre Madrid) y el peso de una administración pública anquilosada y corrupta. A las obras públicas sobrefacturadas se suman las que nunca se terminaron o que se hicieron por mero capricho: hoy son elefantes blancos. Eso y las miles de familias que se endeudaron durante la burbuja inmobiliaria. Algo que no pasa ni en Chile ni en EE.UU: al moroso lo echan de la propiedad pero no le cancelan la deuda. Te quedas sin trabajo y con medio millón de euros en contra, macho.
¿Y qué dice el FT de toda esta indignación planetaria? Cosas sorprendentes como que los políticos cambian de discurso, incluso algunos republicanos en EE.UU, y algunos personajes de la city de Londres y de la bolsa de Tokio muestran su simpatía y comprensión hacia el movimiento. Tiempos raros, ¿no?
viernes, 7 de octubre de 2011
Economistas al pizarrón
En su brillante ensayo “La Ciudad Letrada”, el uruguayo Ángel Rama analiza la evolución del poder simbólico en América Latina, encarnado en el núcleo urbano de los que manejan la letra. Un núcleo que nace compacto (sacerdotes, escribanos, letrados y administradores coloniales) y se va ampliando con las modernizaciones republicanas. La prensa y la universidad amplían sus cuadros hacia el periodismo, la política, las profesiones liberales, etc. Pero Rama terminó su ensayo justo cuando un nuevo personaje se introducía en la ciudad letrada, al comienzo de manera silenciosa, para terminar dominándola desde arriba.
Ese personaje es el economista.
Durante décadas el economista fue un tecnócrata de segundo plano, que desde el Estado se encargaba de aterrizar y viabilizar decisiones políticas, léase inversiones en infraestructura, servicios públicos, emisión de dinero, etc. Su misión era hacer cuadrar los números, sin más ni menos.
Pero, a partir de la década de los setenta y durante todo el último cuarto del siglo XX, comenzó a dictar cátedra de cómo tiene que ser la sociedad. Más aún: cómo deben operar sus instituciones. Tal como los juristas y los teólogos de la ciudad letrada colonial, blindados por una jerga que solo ellos controlaban, los economistas secuestraron el debate y cooptaron la política. Al punto de que en países como Chile los ministros de hacienda eran los verdaderos jefes de gabinete. Tenía la última palabra en todo, desde la compra de un submarino al posnatal. Y si no lo hacía desde el Estado, se encargaba de hacerlo desde los think tanks financiados por las grandes empresas, los organismos multilaterales y la prensa mainstream.
La crisis mundial iniciada en 2008 ha demostrado que el rey estaba desnudo. Salvo honrosas excepciones (que no ocultan su filiación con el más grande de los economistas, John Maynard Keynes), hoy han perdido el cetro y su reputación está por los suelos. Quedó en evidencia que o no sabían tanta macroeconomía, o se hacían los tontos.
A nivel local, el debate sobre la educación está lleno de ejemplos de sofismas, distorsiones y desnudez argumentativa. Vea usted este documento del Centro de Estudios Públicos. A diferencia de sus colegas de Libertad y Desarrollo, está escrito en un tono relajado, sin estridencia ni mesianismo. Su conclusión es que la educación gratuita es regresiva. Si se subsidia a todos, el coeficiente de Gini (que mide las desigualdades de ingreso) cae marginalmente. Pero si se subsidia solo entre los deciles 1 y 6, la desigualdad cae más drásticamente.
Los autores, el ponderado y muy respetable Harald Bayer y la investigadora Loreto Cox, no nos muestran cómo operan estos cálculos, cuál es la cajita mágica (aunque la suponemos lógica y ajustada a la episteme). Omiten además toda consideración de justicia intertemporal y de evolución demográfica.
Pero lo más endeble es su análisis centrado en deciles. Porque el décimo incluye también a clase media-media, media alta, millonarios y multimillonarios. Chicos, una familia con ingresos de un millón de pesos no tiene rentas de capital y apenas alcanza a llegar a fin de mes. Pero para una familia como la del presidente Sebastián Piñera, la educación universitaria de sus hijos ya le sale (para efectos de su flujo de caja) prácticamente gratis en el esquema actual. Si a esas rentas galácticas se les gravase como corresponde a un país de la OCDE el esquema cambiaría. Y mucho. Porque se crea un flujo de recursos que seguirá financiando a generaciones enteras de chilenos.
Moraleja: la ciudad letrada de hoy necesita a los economistas, pero los economistas necesitan una cura de humildad, un juramento hipocrático, o ambos. Ahora. Ya.
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