viernes, 2 de diciembre de 2011

La Economía Imaginaria




El país imaginario se levanta todos los días, y sus ciudadanos trabajan para hacer crecer un PIB imaginario. Contraen deudas imaginarias para comprar bienes imaginarios, casas imaginarias, para disfrutar de sus vacaciones imaginarias. El gobierno imaginario propone leyes, y los parlamentarios imaginarios las aprueban. Firma tratados de libre comercio imaginario, para exportar mercancías imaginarias...

Más allá del pastiche antipoético, los mercados imaginarios existen. De hecho, la naturaleza de los mercados financieros es ser un poco imaginarios. O totalmente imaginarios.

Los contratos a futuro, por ejemplo. Se contraen sobre la base de una producción imaginaria, para comprar y vender materias primas que no llevarán a cabo. Se rescinden antes de que venza su plazo, y su único fin es “cubrir” a las partes del riesgo de fluctuación en los precios.

Y qué hay de la securitización, el más imaginario de los productos. Un banco junta una hipoteca, otra hipoteca, cinco mil hipotecas, y arma un solo paquete. Lo subasta en el mercado y lo que recauda le sirve para… seguir prestando. Plata completamente imaginaria, pero que se usa de manera muy real.

Y así el país imaginario emite bonos imaginarios, que unos inversionistas imaginarios compran para equilibrar sus pasivos imaginarios. El problema surge de cuando las deudas imaginarias se tornan reales. Cuando la agencia imaginaria de calificación de riesgo saca las cuentas reales, cuando la superintendencia imaginaria despierta de la siesta. Ahí las empresas imaginarias y los estados imaginarios pasan susto. Los gobiernos imaginarios caen. Las promesas imaginarias se revelan como lo que son. Y, en el mejor de los casos, los ciudadanos imaginarios se tornan ciudadanos reales, y dicen basta.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Por si se Acaba el Mundo




No sé por qué la primera imagen que se me viene a la mente con la crisis europea es Raffaella Carrá. Según Umberto Eco, la base electoral de Berlusconi son los adultos mayores que ven televisión, los millones que siguen los shows de variedades de la diva italiana y no se pierden cada vez que la RAI repite alguna película picaresca con Alberto Sordi. Es la imagen de una Italia idealizada, sin inmigrantes, sin crisis demográfica ni fiscal. Estaban las Brigadas Rojas, la inflación de dos dígitos, la vieja lira que ni los mendigos aceptaban al otro lado de los Apeninos, pero en fin: todo tiempo pasado fue mejor. Con sus cirugías pláticas y su priapismo de emperador romano Cinecittà-style, Berlusconi encaraba ese sentimiento.

Por estos días discutíamos con mi amigo y colega Rodrigo Lara acerca de si la crisis es producto del Estado de Bienestar. Por cierto, no me sumo a la Doctrina de Shock como la entiende Naomi Klein: esos zarpazos de puma que le permitieron al neoclasicismo económico tomarse la política, responsabilizar a los sindicatos de todos los males del mundo y proceder a la financiarización desregulada de todo lo existente.

Sí creo que la democracia social y el Estado de Bienestar están en una crisis fundamental en una serie de países europeos (casi todos) que cumplen con al menos uno de los siguientes requisitos.

1. Viejos imperios coloniales desindustrializados, pero que conservan importantes aparatos de defensa.

2. Países que financiarizaron con deuda pública sus brechas de productividad y sus tasas de dependencia demográfica (jubilaciones).

3. Países que ya no tienen banco central.

4. Países que dejaron de ahorrar y se lanzaron a furiosas especulaciones inmobiliarias.

5. Países que soportan altos niveles de corrupción administrativa.

6. Países periféricos donde además se dieron los puntos 2, 3, 4 o incluso 5.

Estos seis puntos abarcan a casi todo el continente. Y las excepciones son llamativas:

1. Alemania, el único que conserva una base industrial, con saldo de productividad positivo y competitividad al alza gracias a la moneda única.

2. Países escandinavos que aún conservan sus monedas nacionales, tienen petróleo como Noruega y fueron muy cautelosos a la hora de financiarizar (Suecia, Dinamarca).

El rumor que corría hoy es que los bancos europeos estuvieron a punto de quebrar anoche. Lo sostiene un columnista de Forbes, cuyas opiniones hay que tomar con distancia. En cualquier caso algo grave debe haber motivado la acción conjunta de los principales bancos centrales del mundo para aumentar la liquidez del sistema. Sí, mientras usted dormía, los teléfonos sonaban sin parar entre Tokio, Washington y Frankfurt. Como cantaba Raffaela: por si acaso se acaba el mundo…

martes, 29 de noviembre de 2011

¿Déspota o Mayordomo?




Un lugar común en todas las novelas y películas cuyos personajes son inmigrantes griegos es cierto chauvinismo de baja intensidad. Diálogos tipo:

-Ah, la democracia, los griegos inventamos la democracia…

-Sí, papá, y también la hipocondría.

-Y la aracnofobia.

Por cierto, economía también es una palabra de origen griego. Viene de oikonomos, aquel que se ocupa del hogar. Era una suerte de mayordomo que se encargaba de llenar la despensa, mantener en orden a los esclavos, etc. El verdadero jefe, el patriarca, era el despotes. Aristóteles los distingue a ambos, y los pone en una esfera inferior al politokos, el tipo que se aboca a los asuntos públicos. El mero mero.

El ecónomo sobrevivió al colapso del mundo helénico y latino con la iglesia católica. El ecónomo pasó a ser aquel sacerdote que se encargaba de los asuntos domésticos de la parroquia o de la diócesis. Y quizá lo habría seguido siendo de no intervenir la reforma protestante y, probablemente, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Adam Smith. que de niño fue secuestrado por los gitanos, acuñó el término political economy. Nacía así el economista clásico, un filósofo social que estudia la riqueza de las naciones.

El economista-político siguió siendo una figura relativamente marginal en la ciudad letrada, ubicado varios peldaños por debajo del jurista-legislador. Smith y Ricardo precisamente viven quejándose del poco caso que hacen los políticos-políticos a la joven doxa económica. Marx pensaba lo mismo y decidió cortar por lo sano: el único camino para el triunfo de la economía-política era sublevar a los obreros.

No contaba con el advenimiento de los neoclásicos. Esta nueva generación de economistas abjuró de la molesta mitad “política” al mismo tiempo que tomaba la política por asalto. No fue con los obreros sino con los empresarios y los grandes bancos, la Heritage Foundation y la Universidad de Chicago; con Thatcher, Reagan y la dictadura chilena. Así, en 2000 y pocos años, el economista había pasado de mayordomo a déspota. Reduciendo el Estado, financiarizando la vida, apalancando el medio ambiente.

La crisis que se inició en Grecia, primero como comedia, luego como drama y ahora como tragedia, es una buena oportunidad para que la economía vuelva a sus orígenes. Desde hace treinta años los economistas o son los déspotas de la polis, o bien se ha dedicado a desarrollar modelos cada vez más complejos de valoración de activos. Ingeniería balística (rocket science) para la financiarización del mundo y de la vida. No estaría mal que volvieran a preocuparse seriamente de asuntos como alimentar al mundo sin acabar con los recursos naturales. Cosas del hogar.



domingo, 27 de noviembre de 2011

América Latina




A primera vista América Latina es un himno nacionalista-populista, una especie de Canto General Reloaded, visibilizado y retransmitido a la velocidad de las redes sociales.

Pero es mucho más que eso.

La letra, inspirada como todas las de Calle 13, opera como un llamado, un relato de la identidad, pero también como demarcación, el trazado de una frontera entre lo económico y lo ético. Por una parte celebra la trampa de Maradona como triunfo antiimperialista, por otra afirma que el capitalismo no puede comprar la vida. Una afirmación valerosa, cuando no temeraria, en un mundo donde la economía financiera supera con creces a la economía real: las deudas son varias veces los salarios, los contratos futuros son más que todas las materias primas que produce el planeta.

Desde el siglo XVI la vida no ha dejado de financiarizarse, con distintas velocidades y alcances. Ya en ese entonces la corona española empeñaba sus flujos de oro y plata de América. Los banqueros holandeses y genoveses la adelantaban el dinero que aún no salía de las minas de Potosí (a un 30% de interés) para que el piadoso Felipe II pudiese financiar sus palacios y sus guerras de religión.

Es un lugar común decir que el neoliberalismo ha privatizado el agua, pero la verdad es que esto ocurrió mucho antes. Napoleón III fue el primer gobernante en licitar la gestión del agua a una empresa privada, en este caso una filial del Crédit Leyonnais. Hoy esta multinacional (rebautizada como Suez) ha extendido su modelo de gestión a gran parte del mundo. El agua es escasa y la lluvia no se puede comprar, pero Suez sabe cómo manejarla y crear valor para sus accionistas.

Las vidas no se pueden comprar, pero si hipotecar y financiarizar. Si una empresa uruguaya produce 10.000 calzoncillos mensuales, y para ello emplea a 50 personas, esos 50 sueldos se pagan a través de un banco dispuesto a adelantarle al trabajador el equivalente a varios meses de salario para que se compre un plasma. O sea que, mensualmente, no se generan solo 10.000 calzoncillos y 50 sueldos, sino tantos como el sistema financiero pueda (y esté dispuesto) a multiplicar a través de sus distintos instrumentos. La educación está financiarizada desde el momento en que las instituciones (tengan o no fines de lucro) hacen esta misma operación con las matrículas y mensualidades que pagan los alumnos. Y lo mismo la salud y la vejez.

La diferencia entre un país como Angola y otro como Chile radica en que, en Angola, estas operaciones no tienen lugar, o su proporción frente a la economía real es aún bajísima. No existe en África un mercado en torno a la posesión de la tierra, salvo allí donde existen recursos naturales de interés para las multinacionales brasileñas o chinas.

En otras palabras, nuestros niveles de vida actuales se construyeron sobre esta multiplicación mágica (no existe otra palabra) de nuestro valor económico como generadores de algún tipo de producto físico o simbólico, una operación que consiste en traer al presente lo que produciremos a futuro. ¿De qué otro modo, si no, seríamos capaces de construirnos casas, desplazarnos en vehículos alimentados con combustibles fósiles, abordar aviones y viajar 12 mil kilómetros hacia el otro rincón del mundo? Un estudiante universitario es un flujo de fondos, lo mismo que un enfermo de cáncer o la cuenca de un río. Activos y pasivos que se traspasan, un spread que alguien capitaliza.

Y en cuanto a la política, la actividad que supone debiera arbitrar estos procesos, es sintomático que los grandes discursos ya no provengan de los propios políticos, sino de cantantes como René Pérez, alias Residente.

viernes, 25 de noviembre de 2011

El Asteroide de la Deuda




Hace 15 años Jean Baudrillard escribió un texto visionario sobre la deuda. Fue a mediados de los noventa, cuando las estatuas de Lenin se habían desmoronado en todo el mundo y los teóricos se apuraban en levantar teorías del fin de la historia. Baudrillard, que ya dudaba de la guerra del Golfo, tomó dos imágenes: la del contador electrónico de Times Square, en Nueva York, que indicaba el incremento de la deuda nacional estadounidense, y la del centro Pompidou en Paris, que contaba los minutos que faltaban para el año 2000. El contador de Nueva York no paraba de subir. El de Paris disminuía. Uno era un plazo, el otra una promesa. El plazo se cumplió (como tenia que ser) pero la promesa no.

Decia Baudrillard que la deuda era un universo paralelo, completamente descentrado e independiente del mundo real, porque las grandes deudas, la de los Estados y de las multinacionales, nunca se paga, se renegocian, se refinancian, se chutean a dos, tres, cinco años, al infinito y más allá. Parece ridículo pero así funciona el mundo, así se construye el ahorro previsional, las pólizas de seguro. Su AFP recoge su cotización, la junta con todas las demás y compra activos en el mercado. Y si usted tiene que jubilarse, las vende.

“If time is counted [si le temps nous est compté], the missing money is beyond counting [au-dela de toute comptabilité]… There will be no judgment day for this virtual bankruptcy…”

Es cierto mientras los acreedores no cobren al mismo tiempo. El problema que el filósofo francés no vio, en el mundo de la levedad posmoderna de aquel entonces, es que las deudas interconectadas entre un país y otro eran una bomba de tiempo. Porque si existe un día del juicio para la bancarrota virtual del sistema: la pérdida de la confianza. Las deudas de un país chico tenían el poder de arrastrar a las de otro más grande. Y así quebraron Tailandia en 1997, Rusia en 1998, Brasil en 1999 y las Punto Com de marzo de 2001. Pero para que estas deudas impagables no reventaran a sus acreedores (los bancos, los fondos de pensión y, finalmente, usted), el principal Banco Central del mundo comenzó a regalar dinero. “Refinancien sus deudas”, decía Alan Greenspan en aquel entonces. Y que siga la fiesta. Era el tiempo de las raves y de la música tecno...

Pero cuando las deudas hipotecarias de EE.UU. fueron insostenibles, siete años después, ya no fue tan fácil sacar conejos del sombrero. Se evitó una corrida bancaria pero se socavo la fe pública. Se ganó tiempo, y ahora el tiempo se acabó. La deuda ya no es el universo paralelo de los tiempos de Beaudrillard, sino un asteroide que se devuelve directo al corazón del sistema. Hay que pagar al menos una parte, pero el chanchito está vacío.

Un sitio de finanzas español ha hecho la colosal tarea de ilustrar quién le debe a quién y cuánto, en un entramado del que dependen los ahorros, las jubilaciones y las pólizas de seguro de cada uno de nosotros. EE.UU., por ejemplo, debe 5 billones de Euros, 1/5 de los cuales esta en poder de inversionistas británicos. Estos, a su vez, deben 3,6 billones, cifra monstruosa para un país que tiene una población significativamente menor. Italia debe 1,2 billones, principalmente a Francia.

El mapa de las deudas tiene el doble mérito de ilustrar el mapa de poder. Alemania y Francia están en un pie relativamente equilibrado porque sus deudas están cruzadas y a un monto similar (el saldo es levemente positivo para Francia).

El tiempo corre contra Europa tal como en la metáfora de Beaudrillard. Y la razón es la siguiente. De los casi 1.200 millones que debe Italia, 307.000 millones vencen el próximo año. Como no los puede pagar, tiene que refinanciarlos. Eso significa que la única manera de pagar un bono, digamos, por100 millones, es emitir otro bono. Pero ahora los mercados ya no confían en Italia y le cobran más por prestarle: Monti y su equipo de tecnócratas de la Universidad Bocconi tendrán que emitir un bono por 110 millones para recaudar 100 y usar la plata para pagar el bono interior. Multiplique ese diferencial de 10 puntos por 3.000 y se hará una idea de cuánto tiene que pagar Italia solo en intereses para seguir funcionando como país.

Y así con España, Portugal, Grecia, Irlanda…

Todo el nivel de vida europeo, el Estado de Bienestar, las vacaciones, las casas de veraneo, la salud y la educación, el caviar y la farándula, se basa en deuda, y por primera vez ese acreedor implacable que es el tiempo ha venido a cobrar lo suyo. Baudrillard tenía razón al señalar que la bancarrota virtual era el discurso implícito de la época. El de ahora es que las pérdidas de los bancos y la bancarrota de los estados es la de los ciudadanos: adiós pensiones, adiós subsidios, adiós museos y festivales de ópera. Por eso muchos están en la calle.

lunes, 17 de octubre de 2011

Crisis y tapas




Leer el Financial Times en un barcito de Chueca, en Madrid, hace a cualquier economista sentirse cool. Incluso a un economista marginal.

A menos de una semana de la reunión de jefes de gobierno decidirá el futuro de la UE, el aspecto de la capital española es más bien saludable. Nada que ver con Buenos Aires en diciembre de 2001, que economista marginal visitó a días del corralito. Aquí los bares siguen llenos de domingo a domingo, y calles atestadas de turistas reventando sus euros. Incluso la multitudinaria protesta de los Indignados en la Puerta del Sol, el sábado, parece más bien un síntoma de buena salud que de enfermedad terminal. El cabreo del español es irónico y juguetón, la policía mira pero no interviene. ¿Será por la presencia notoria de familias y adultos mayores? ¿Por no dañar la imagen de España ante los miles de turistas que abarrotan las calles y de los cuales vive el país? Si bien hay banderas republicanas y carteles con frases como “Señores del Senado, el coño me tienen mareado”, la multitud se dispersa sin incidentes cuando los organizadores así lo solicitan. Y venga, nos vamos de copas.

La noche misma del encuentro, un grupo de okupas se tomó el abandonado Hotel Madrid e instaló un cuartel de propaganda regido por la democracia directa. En la puerta tapiada del establecimiento colocaron carteles con sus “resoluciones de asamblea”, todas de un sentido común y una civilidad que arrancarían pifias de sus émulos latinoamericanos: no dañar los locales, negociar con la policía en caso de desalojo y, si media resolución judicial, salir en paz y sin violencia.

Sin el aparato disciplinario ni las desigualdades sociales de América Latina, el español no parece inclinado al reclamo agrio, ese que sale de un pecho repleto de agravios personales y tribales. Una carrera universitaria (pregrado) cuesta en España unos seiscientos euros. Eso por el lado de los activos. Porque por el de los pasivos está el peso creciente de las pensiones, la escasez de agua (el desierto avanza sobre Madrid) y el peso de una administración pública anquilosada y corrupta. A las obras públicas sobrefacturadas se suman las que nunca se terminaron o que se hicieron por mero capricho: hoy son elefantes blancos. Eso y las miles de familias que se endeudaron durante la burbuja inmobiliaria. Algo que no pasa ni en Chile ni en EE.UU: al moroso lo echan de la propiedad pero no le cancelan la deuda. Te quedas sin trabajo y con medio millón de euros en contra, macho.

¿Y qué dice el FT de toda esta indignación planetaria? Cosas sorprendentes como que los políticos cambian de discurso, incluso algunos republicanos en EE.UU, y algunos personajes de la city de Londres y de la bolsa de Tokio muestran su simpatía y comprensión hacia el movimiento. Tiempos raros, ¿no?

viernes, 7 de octubre de 2011

Economistas al pizarrón




En su brillante ensayo “La Ciudad Letrada”, el uruguayo Ángel Rama analiza la evolución del poder simbólico en América Latina, encarnado en el núcleo urbano de los que manejan la letra. Un núcleo que nace compacto (sacerdotes, escribanos, letrados y administradores coloniales) y se va ampliando con las modernizaciones republicanas. La prensa y la universidad amplían sus cuadros hacia el periodismo, la política, las profesiones liberales, etc. Pero Rama terminó su ensayo justo cuando un nuevo personaje se introducía en la ciudad letrada, al comienzo de manera silenciosa, para terminar dominándola desde arriba.

Ese personaje es el economista.

Durante décadas el economista fue un tecnócrata de segundo plano, que desde el Estado se encargaba de aterrizar y viabilizar decisiones políticas, léase inversiones en infraestructura, servicios públicos, emisión de dinero, etc. Su misión era hacer cuadrar los números, sin más ni menos.

Pero, a partir de la década de los setenta y durante todo el último cuarto del siglo XX, comenzó a dictar cátedra de cómo tiene que ser la sociedad. Más aún: cómo deben operar sus instituciones. Tal como los juristas y los teólogos de la ciudad letrada colonial, blindados por una jerga que solo ellos controlaban, los economistas secuestraron el debate y cooptaron la política. Al punto de que en países como Chile los ministros de hacienda eran los verdaderos jefes de gabinete. Tenía la última palabra en todo, desde la compra de un submarino al posnatal. Y si no lo hacía desde el Estado, se encargaba de hacerlo desde los think tanks financiados por las grandes empresas, los organismos multilaterales y la prensa mainstream.

La crisis mundial iniciada en 2008 ha demostrado que el rey estaba desnudo. Salvo honrosas excepciones (que no ocultan su filiación con el más grande de los economistas, John Maynard Keynes), hoy han perdido el cetro y su reputación está por los suelos. Quedó en evidencia que o no sabían tanta macroeconomía, o se hacían los tontos.

A nivel local, el debate sobre la educación está lleno de ejemplos de sofismas, distorsiones y desnudez argumentativa. Vea usted este documento del Centro de Estudios Públicos. A diferencia de sus colegas de Libertad y Desarrollo, está escrito en un tono relajado, sin estridencia ni mesianismo. Su conclusión es que la educación gratuita es regresiva. Si se subsidia a todos, el coeficiente de Gini (que mide las desigualdades de ingreso) cae marginalmente. Pero si se subsidia solo entre los deciles 1 y 6, la desigualdad cae más drásticamente.

Los autores, el ponderado y muy respetable Harald Bayer y la investigadora Loreto Cox, no nos muestran cómo operan estos cálculos, cuál es la cajita mágica (aunque la suponemos lógica y ajustada a la episteme). Omiten además toda consideración de justicia intertemporal y de evolución demográfica.

Pero lo más endeble es su análisis centrado en deciles. Porque el décimo incluye también a clase media-media, media alta, millonarios y multimillonarios. Chicos, una familia con ingresos de un millón de pesos no tiene rentas de capital y apenas alcanza a llegar a fin de mes. Pero para una familia como la del presidente Sebastián Piñera, la educación universitaria de sus hijos ya le sale (para efectos de su flujo de caja) prácticamente gratis en el esquema actual. Si a esas rentas galácticas se les gravase como corresponde a un país de la OCDE el esquema cambiaría. Y mucho. Porque se crea un flujo de recursos que seguirá financiando a generaciones enteras de chilenos.

Moraleja: la ciudad letrada de hoy necesita a los economistas, pero los economistas necesitan una cura de humildad, un juramento hipocrático, o ambos. Ahora. Ya.

lunes, 3 de octubre de 2011

El ultraliberalismo



La palabra ultra (del latín más allá) no despierta demasiada simpatía. Existió un movimiento vanguardista español que se llamó ultraísmo, en el que participaron Borges y en menor medida Huidobro… pero aparte de esto la carga negativa de la palabra es abrumadora: ultraizquierda, ultraconservador, ultraviolento, Non Plus Ultra, lema imperial español reivindicado por el franquismo.

Con lo que está pasando hoy en la economía (caos financiero, desempleo crónico, empobrecimiento de la clase media y degradación ambiental), a los neoliberales se les debiera llamar ultraliberales. Son los que abominan del Estado porque sus autoridades deben medirse cada cierto tiempo en las urnas. Los que defienden una ideología que, como dice Naomi Klein, solo puede aplicarse aprovechándose del pánico, en momentos de caos y desorientación como la dictadura chilena, la guerra de las Malvinas o el huracán Katrina. En otras palabras, leninismo puro: cámbiele dictadura del proletariado por dictadura de los mercados y quedamos igual: un politburó.

En treinta años de imperio ultraliberal el mundo no es la utopía libertaria que predijeron sus padres fundadores, sino un caos de millones de personas ultraendeudas, sin seguro médico, estudiantes que no podrán pagar sus préstamos con un mercado que ya no crea empleos, consumidores enajenados por el abuso sistemático de la banca y el retail, jubilados que les espera una vejez pobre. Los ultraliberales son sujetos como Hernán Büchi y su claque, que hoy piden bajar los impuestos, o los que en otras latitudes pronuncian joyas como:

La crisis actual es culpa del exceso de gasto público.

¿Para qué tener seguridad social si tenemos Groupon?

El cambio climático es un invento.

El cambio climático es bueno porque la gente pasa menos frío.

Una caricatura reciente del diario El País lo resume con crudeza las disyuntivas políticas de los países devastados como España: los tontos están por irse, ahora vienen los malos. Liberal era Keynes, un genio. Liberales fueron la Concertación chilena (QEPD), Zapatero, Tony Blair y Gordon Brown: tontos. Malos son Dick Chenney (el verdadero presidente durante el gobierno del pelmazo), Aznar, Rajoy y el Tea Party. Una amalgama pavorosa de ultraliberales y ultraconservadores. El non plus ultra, vamos.

martes, 27 de septiembre de 2011

El absolutismo de los mercados



En 1848 una serie de revoluciones sacudió a Europa. En Francia, Alemania, Suiza y el Imperio Austrohúngaro (que incluía el norte de Italia) las personas se rebelaron contra el tándem monarquía-religión. Hubo repúblicas de corta vida, árboles de la libertad, banderas rojas y comunas de corta vida encabezadas por las burguesías ilustradas. La mayoría quedó en nada, pero en el fondo ganaron el futuro. La aristocracia de la tierra tuvo que ceder en parte su poder, y en las décadas posteriores lo seguiría perdiendo hasta su extinción como clase dominante entre 1918.

Corte al lunes 26 de septiembre de 2011. Un operador financiero es entrevistado en vivo por la BBC. Candorosa o cínicamente reconoce que a su gremio le importa un carajo lo que hagan los gobiernos: lo de ellos es ganar dinero en el corto plazo, incluyendo los mercados a la baja y las recesiones. Hedge funds y ventas cortas permiten a aquellos que tienen liquidez ganar grandes sumas apostando a que una crisis se transforme en catástrofe. El sujeto se llama Alessio Rastani, es norteamericano o canadiense (su apellido parece de origen iraní) y pronosticó que en los próximos meses millones de personas perderán sus ahorros. “El mundo lo gobierna Goldman Sachs”, dijo.

Así de claro. Tan claro que muchos pensaron que se trataba de una broma como la que el dúo compuesto por Andy Bichbaum y Mike Bonanno, más conocido como los Yes Men, suele jugarle al capitalismo globalizado suplantando a grandes ejecutivos, dando entrevistas falsas y diseminando noticias que ponen en evidencia lo peor de las grandes corporaciones.

Lo relevante del caso Rastani no es solo la visibilización in extremis de algo que cualquiera con dos dedos de frente puede ver, sino que ocurra en momentos en que el absolutismo de los mercados está siendo, por primera vez en treinta años, impugnado como el estado natural de las cosas. Porque no lo es. Detrás de ello está la acción sistemática de grupos de influencia, del lobby corporativo, del oportunismo de los políticos de todas las latitudes y, sí, la ineptitud de estos mismos para administrar el Estado y sus organizaciones.

No son buenos tiempos para los que pretenden mantener el status “natural” del absolutismo financiero. Tal como las revoluciones de 1848 coincidieron con el auge de la prensa escrita, los movimientos de indignación mesocrática de hoy se valen de las redes y su furiosa velocidad de propagación. En Madrid, Tel Aviv, Santiago, El Cairo o ahora Nueva York, lo que comienza en pequeño gana masa crítica en cuestión de días.

La pregunta es dónde irá a parar todo esto. Puede que Goldman Sachs y compañía, como la monarquía de los Habsburgo, tenga que conservar su poder cediendo espacios a la auditoría de los ciudadanos. O puede que esa monarquía financiera se comporte con la misma ceguera de los Romanov y termine perdiendo la cabeza. Si Warren Buffet fuese el Zar, entonces hay espacio para cambios dentro del orden. Si no, quién sabe…

jueves, 22 de septiembre de 2011

¡Necesitamos a House!




Imagine usted un economista como Dr. House. Irónico hasta la crueldad, obsesivo y contraintuitivo, capaz de encontrar el diagnóstico correcto a pesar de los síntomas más contradictorios de un paciente terminal como la economía capitalista-financiera de hoy. Ahora imagine usted a ese economista en el FMI, la Reserva Federal o el Banco Central Europeo. Imagínelo mal afeitado y peor vestido en las reuniones de la plana mayor, desarmando con la armas ya descritas a los santones de la ortodoxia monetarista, los cortesanos de la política mundial como Madame Lagarde. Monsieur Trichet y Mr. Bernanke.

Sería de gran ayuda contar con un sujeto así. Porque en esta anunciada W recesiva hay dos lecturas contradictorias. La que dice que la desregulación financiera creó un sistema hipertrofiado de apostadores sin mesura, una economía de casino totalmente desligada de la realidad, que enriqueció a unos pocos y cuyos excesos hoy pagamos todos. Otra, más cínica en su origen y coreada por decenas de inocentes palomas que aún creen en el Conejo de Pascua, dice que es culpa del gasto fiscal y que la solución es austeridad, menos impuestos y más apertura comercial.

Cada una de estas visiones tiene su corpus epistemológico y su soporte estadístico para clamar asidero en la realidad. Pero nuestro hipotético House de la economía no se come las explicaciones teológicas. Sabe que en ciencias sociales la religión es veneno. Será intransigente en exigir que se les ponga un bozal a los fundamentalistas y a los apostadores. Y será implacable en atacar los problemas medulares de la economía en el largo plazo: la curva demográfica, la crisis del agua y de los alimentos, la dependencia de los combustibles fósiles.

Ahora, sí no encontramos a Dr. House pronto, la convalencia de este sistema moribundo quedará en manos de otro tipo de personajes. ¿Nurse Jackie, por ejemplo?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Las peleas que se vienen


En cierta forma los estudiantes ya ganaron. Aunque estén llegando al final de sus fuerzas por esta temporada (quedan muchas), ya instalaron un tema que no se va a terminar. Y que más encima se ramifica hacia otros supuestos del modelo.

Se instaló gracias a ellos que la provisión privada de bienes públicos es problemática. Que la estructura tributaria debe ser revisada. Que la financiarización de la economía es problemática. Que las personas necesitan al Estado y, lo que es más grave, la representatividad de los representantes es una ficción: el sistema político no necesitaba algo más que una inyección bótox.

Los estudiante ganaron y los próximos años serán de una feroz puja por más gasto público y por leyes que reequilibren la relación entre ciudadanos y grandes empresas. Solo en previsión y salud el pasivo es enorme, monstruoso, la contracara de los equilibrios macroeconómicos que hicieron de Chile el niño mimado de The Economist, el Financial Times y los medios del consenso noventero.

Para quienes duden del futuro previsional aterrador que nos espera, recomiendo la columna de Eugenio Rivera en El Mostrador. En cuanto a los seguros privados de salud que recaudan el 7% de todos los salarios del país (y devuelven, por lo visto, una fracción), vale la pena leer al profesor de derecho Gonzalo García en Ciper. Son las peleas que se vienen, que recién empiezan.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cumbia macroeconómica




“Ey, teacher, voz que me la vendés como ciencia exacta, decíme, ¿cuánto es cero dividido por cero?”

Es la pregunta que usted podría hacerle a un economista con PhD en alguna escuela Ivy League. Al ministro de hacienda, por ejemplo.

Por mi parte, yo no sé si los Wikipedia son un hecho cultural. Creo que sus canciones (La Cumbia Matemática, por ejemplo) son objetos semánticos potentes, capaces de ser leídos de varias maneras. La más evidente es como humorada (“con la geometría se mueve mi tía”). Otra es como dispositivo mnemónico para aprender matemática (“¡menos por menos más!, ¡más por menos, menos!”). La letra y el estribillo se basan en los conceptos básicos del programa escolar, lo que incluso abre la posibilidad de una canción de protesta contra la calidad de la educación. “Si no nos enseñan los teacher, enseñémonos nosotros mismos”, parece decir el singular vocalista de la banda, quien cita sus fuentes mejor que José Joaquín Brunner:

¡Wiki-wiki-wiki-pedia!

Si de cuestiones matemáticas se trata, le propongo echarle una mirada a los ingresos del fisco chileno. Tomemos un año cualquiera. 2009, por ejemplo (plena crisis). Y comprobemos que el Estado recauda 19% del PIB. Un 33% son impuestos directos (rentas de personas y empresas) y un 63% indirectos (mayormente IVA).

Como referencia, lo que pagan personas y empresas en otros países España: 72%; Argentina, 34%%; Brasil, 57%; México, 54% (datos CEPAL).

Y ahora hágase las preguntas. ¿Cómo quiere financiar una mejor educación escolar y universitaria para su país? ¿Pagando $ 2.500 por una cajetilla de cigarros? O elija una combinación no excluyente de tributos a subir. ¿Las contribuciones a los bienes raíces de más de una cierta cantidad de UF? ¿El royalty minero? ¿Los contratos (timbres y estampillas), el combustible? Súmele (sobre todo) impuesto a la renta. ¿Personsa o empresas? Póngale los números que usted quiera y pídale a su economista más cercano que se los calcule. Pídale que maximice la recaudación y minimice el costo, especialmente las externalidades macro: que no tumbe el dólar, que no obligue a subir tasas, que no caliente mucho la economía ni tampoco la deprima.

Pidámosle entonces al ministro de hacienda que haga los cálculos y den una respuesta seria. De lo contrario tendremos que pedirles a Los Wikipedia que nos canten La Cumbia Macroeconómica:

Si querés pasarla mal, ¡subí los intereses!
Si querés seguir bailando, ¡dale al gasto fiscal!
Si querés emoción, ¡tolerá la inflación!


“Ey, teacher, voz que me la vendés como ciencia exacta, decíme, ¿cuánto es cero dividido por cero? Ya nos dimos cuenta que el infinito es un ocho acostado, gil”.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Armagedón demográfica



Es simple: los economistas adquirieron un poder desmedido en la sociedad y se apoderaron de la política. En vez de ser los técnicos encargados de traducir las decisiones soberanas de una democracia en políticas públicas viables (desde el punto de vista financiero y macroeconómico), los economistas neoclásicos pasaron a ser los defensores, lo cancerberos de una supuesta racionalidad incontrovertible y absoluta, que dice como Moisés en el Sinaí: la solidaridad no tiene valor económico, la justicia intertemporal es una construcción poética y los bienes públicos deben ser administrados como privados.

Recuérdelo cada vez que usted ve a un twittero diciendo barbaridades con faltas de ortografía, cada vez que usted escucha a un economista diciendo un sofisma con olor a cátedra religiosa o a un diputado dando vergüenza ajena. Cada vez que nos enteramos de una nueva estadística que confirma que Chile no tiene otra fuente seria de ingresos que una materia prima no renovable.

En nuestro país nos dicen, desde la derecha, que el lucro en educación es una señal adecuada para expandir la cobertura del sistema primario y secundario. Por centroizquierda nos dicen que la gratuidad del sistema es regresiva (ojo que no dicen que sea inviable). Regresiva es, pero en el actual esquema tributario fundamentado en el IVA.

Pero hay un pequeño detalle que ni la izquierda ni la derecha binominal asignan la menor importancia, el más mínimo análisis: la evolución demográfica del país. Ni Bitrán, ni Brunner, ni Ramos, ni Libertad y Desarrollo lo consideran. Como si la población chilena estuviese detenida en el tiempo, per secula seculorum, en su distribución actual. A mí me vendieron la economía como una ciencia social, y a la hora de hablar de educación estos adláteres del saber no consideran la variable social más importante de todas: la población.

Chile está viviendo un dividendo demográfico: las tasas de mortalidad y de natalidad han caído de manera simultánea, alterando la distribución de las franjas de edad de manera irreversible. La población dependiente (menores de edad y jubilados) es menor que la económicamente activa. Es lo que le pasó a Corea en los años 60 y Finlandia en los 50: la matrícula de la educación básica cayó, permitiendo al Estado asignar recursos para mejorar la calidad de la educación en el nivel universitario. Hoy Corea es una potencia económica, y con Finlandia campean en todos los indicadores de rendimiento escolar, producción científica e innovación tecnológica. Transformaron sus ventajas comparativas estáticas (recursos naturales) en dinámicas (conocimiento).

Pero ojo, que el dividendo demográfico es acotado. Pasado un umbral, la población de jubilados aumenta y la población económicamente activa tiene que sostenerla. Nuestro flamante sistema previsional privado no será capaz de financiar integralmente la vejez precaria, y ni hablar de las enfermedades degenerativas, el Alzheimer, la obesidad, la diabetes producida por décadas de vida urbana sedentaria y alimentación rica en sodio y grasas saturadas. Ni en los sueños húmedos de José Piñera hay solución para esto.

Cuando la tasa de dependencia aumente de manera irreversible (cantidad de viejos por cada trabajador), cuando Chile esté saturado de profesionales cesantes, improductivos, frustrados y endeudados, y de ancianos con jubilaciones insuficientes, se habrá producido la tormenta perfecta. El punto de no retorno. El colapso.

El momento transformar radicalmente la educación es ahora. No mañana ni pasado. Hoy. Con reforma tributaria que grave las rentas altas. Y no las del quintil superior, que incluyen a la clase media precaria, sino del décimo decil. Las que se acogen a crédito fiscal cuando las empresas que controlan distribuyen utilidades. Grandes bancos, cadenas de retail, constructoras, mineras privadas, aseguradoras. Las empresas del IPSA, las fortunas Forbes (incluyendo al presidente).

Inscríbase, vote informado, exija respuestas, lea la letra chica y aprenda a detectar los sofismas. No se deje engañar. Obligue a los economistas a proponer salidas razonables a una crisis incubada por ellos mismos. No les delegue el poder. Aprenda su lenguaje y a detectar cuando le están vendiendo la pescada. Será un ciudadano más libre. Se habrá ganado el futuro. Y cuando le toque jubilarse lo recordará.



lunes, 29 de agosto de 2011

Bienes públicos













En EE.UU. Warren Buffet quiere pagar mas impuestos. En Francia Liliane Bettancourt quiere lo mismo. Si lo hicieran en Chile las grandes fortunas, otro gallo cantaría para la presidencia de Sebastián Piñera.

Pero claro, no va a ocurrir.

Tal como en Europa hay derechos adquiridos por la ciudadanía, en Chile hay derechos adquiridos por las empresas y las grandes fortunas. “La tributación en definitiva está radicada en los propietarios, socios o accionistas de las empresas, constituyendo el impuesto de Primera Categoría que pagan éstas últimas, un crédito en contra de los impuestos Global Complementario o Adicional que afecta a las personas antes indicadas” (Artículo 20 Ley de Impuesto a la Renta).

En otras palabras, las ganancias de la CMPC son un crédito fiscal para la familia Matte. En otras palabras, la única fuente real de ingresos adicionales que tendría el fisco serían estas grandes fortunas, y no las empresas que estas controlan.

No es la única joya del sistema. El edificio entero se sustenta en la noción de que la vivienda, salud, educación y jubilación son bienes privados. Esta erradicación radical de la solidaridad explica, por ejemplo, el lugar que adquirió en el inconsciente colectivo la Teletón.

El problema es que, con o sin Teletón, 4 de cada 5 chilenos no puede pagarse la educación, la salud, la vivienda y la vejez al mismo tiempo. No se puede tener un título universitario, una casa y una jubilación digna con tres hijos y el ingreso medio. Con un adulto mayor aquejado de una enfermedad degenerativa, ni hablar. Para eso hay que endeudarse, y como me recuerda un amigo estadounidense, “la clase media chilena está entre UF+6% y Dicom”.

Fundamentalmente el horizonte utópico del sistema no es solo que cada cual mata su toro... sino que lo hace contento. No debe existir solidaridad intertemporal ni intergeneracional. Pero a muchos nos importa (y mucho) la deuda educativa de nuestros hijos. Nos importa la ancianidad de nuestros viejos. Nos importa nuestra propia ancianidad. Depende de cuánto podremos ahorrar, pero también de que los pendejos de hoy sean profesionales bacanes a futuro. Que hagan buenos negocios, inventen conceptos gráficos, novelas, royalties industriales, culturales y científicos. Que puedan viajar, aprender idiomas y armar redes en todo el mundo. Y los que no sean genios por lo menos sean gente jugada y confiable. Un conjunto de situaciones que no es posible con carreras caras y malas, aranceles de referencia y el doble lucro de universidades y bancos avalados por el Estado. Joseph Ramos se olvidó del fundador de la Escuela de Economía de la U. de Chile, Pedro Aguirre Cerda: gobernar es educar... la educación es el bien público por antonomasia.

Ahora bien, si al presidente de la república le da pudor pedirle ayuda a las grandes fortunas (de las que forma parte), existe una alternativa para devolverle al sistema educativo su carácter de bien público, y es obvia: emitir deuda pública. Prácticamente no existen papeles chilenos en el mercado mundial. Sería un título tan apetecido y líquido que inversionistas como Buffet se los pelearían.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Mala pedagogía














El programa de CNN donde Sergio Bitar se descontroló y Joseph Ramos trató de hacer mala pedagogía quedará en la historia de la TV.

El descontrol del ex ministro es comprensible. Debe ser humillante que un niño encare a un político con cuatro décadas de experiencia, que estuvo con Allende y lo pagó con cárcel. Pero lo de Ramos es más grave. Viviendo de un macroeconomista importante, decano de la escuela de más prestigiosa y antigua del país, simplemente da pena.

Lo dijo una, dos y hasta tres veces. Comparó la educación superior con el mercado inmobiliario, dando a entender que ambas son una inversión que debe ser sufragada por el individuo aquí, ahora y a futuro, porque es este es su único beneficiario. Eso y la machacada frase de que el IVA de la señora Juanita no debe financiar la educación de un médico ABC1. Vaya, vaya, vaya… Joseph, yo te admiraba.

La metáfora de la pobladora financiando al joven ABC1 es la más engañosa que han inventado los promotores del statu quo. Hasta donde dicta la lógica de los números, el IVA de la señora Juanita ya está comprometido con un nivel vigente de gasto público. Aumentarlo al nivel que exigiría una reforma educacional implicaría reformar el régimen tributario, tal y como lo ha dicho… el propio Ramos…
Y de subir el IVA a la señora Juanita, hsata donde yo sé, no ha hablado nadie.

Luego está el tema de la justicia intergeneracional. Los beneficois y costos que le lega una generación a otra. Un régimen de educación pública de calidad se paga a futuro, cuando el individuo que recibió formación subsidiada deberá pagarla indirectamente vía impuesto a la renta y devolver lo recibido en la forma de productividad marginal y prestaciones de calidad a sus semejantes. Después de todo faltan médicos, faltan oftalmólogos, faltan ingenieros en minas. Y estos profesionales, indistintamente de qué parte de la pirámide social provienen, generarán mayores flujo de IVA por viajes al extranjero y consumo suntuario que no es ni por lejos el de la señora Juanita hoy: eso y el bien raíz que Ramos utiliza como antojadizo y equívoco benchmarking.

Hay otro elemento de justicia intergeneracional que Ramos deja misteriosamente de lado: el bono demográfico. Está comprobado que la natalidad chilena está a la baja. Ergo: en las próximas décadas habrá cada vez menos jóvenes y la demanda universitaria, tras alcanzar un peak, comenzará a descender. El momento de actuar es, por lo tanto, ahora.

Debe ser humillante para un profesor universitario que un pendejo le recuerde lo que cae de suyo: la inversión en educación es un bien social que incrementa la productividad y contribuye al crecimiento económico, alineando los intereses del individuo con los de la comunidad. Compararla con una inversión en bienes raíces no resiste el menor análisis. It’s just bad economics, Mr. Ramos.

La mala pedagogía de Joseph Ramos tiene, sin embargo, un mérito: transparentar al máximo las premisas del sistema. Ese se basó, en el caso chileno, en erradicar del inconsciente colectivo toda idea de solidaridad intergeneracional e interclase. Mi salud, mi educación y mi vejez son asunto mío y solo mío: no necesito ayuda de nadie, ni estoy dispuesto a ayudar a nadie a obtenerlas. Lo importante es que yo tenga la libertad de elegir al prestador que más me gusta, el que nos ofrece más.

Hoy sabemos que un sistema basado exclusivamente en estas premisas no es tanto perverso como insostenible. Algún grado de solidaridad se requiere para la creciente población de jubilados. Y mucha, mucha solidaridad se necesitará para que la masa decreciente de jóvenes obtenga formación de calidad. ¿O quién cree Ramos que sostendrá la productividad del futuro? ¿Quién cree que va a sostener las pensiones solidarias del futuro, ya que solo una fracción de los cotizantes de las AFP logrará vivir solo de sus ahorros?



miércoles, 17 de agosto de 2011

La ansiedades de la elite


¿Quién es Camila Vallejos? Se pregunta una carta que circula entre miembros la elite. De la elite-elite. Si la palabra escrita pudiese reproducir tonos y énfasis, la de esta pregunta sería de un miedo rabioso, de una estupefacción ante el abismo entrevisto por aquellos acostumbrados controlar. Camila Vallejos, como gran parte del país lo sabe, es una muchacha de gran belleza, de verbo decidido, que estudia en la universidad más antigua del país y milita en un viejo partido izquierdista que durante años apenas tuvo recursos para pagar la cuenta de la luz, después de que su gran sponsor multinacional colapsara por sus contradicciones internas.

La carta de la elite confirma que su desorientación es total. Que sus preguntas retóricas son rabiosas y que sus respuestas pueden ser temiblemente inadecuadas, como lo demostró la peregrina idea de que prohibir las marchas (y reprimirlas) acabaría con ellas. Que el presidente de la república insiste en hablar como Patricio Aylwin (“Chile quiere paz”) y el presidente de su propio partido como el Almirante Merino (“inútiles subversivos”). Que están desfasados en dos décadas y solo pueden ver en su radar una conspiración internacional, una vendetta de la oposición, una campaña masiva de desestabilización, o una combinación imaginaria y monstruosa de todas las anteriores. Y es normal: no han recibido ni la formación teórica, ni son depositarios de la sensibilidad adecuada para percibir que la historia tiene ciclos, que los sistemas son entrópicos (a menos que se reformen) y que los sujetos en esta época (especialmente en esta época) no necesitan grandes formaciones para poner en jaque a la estructura. Basta una narrativa coherente.
Antes la élite menospreciaba la importancia del PC y hoy la exagera. Como no encuentra respuestas, amenaza. Como no se cree sus amenazas, se sobreactúa. Trata de revivir el fantasma del frente de masas, del guevarismo sesentero, del frente popular, pero no hay músicos para esa banda.

Y entonces saca el tema de la violencia.

Tema complejo, la violencia. Sociológico, psicológico, pero fundamentalmente mediático. La violencia de los negros, la violencia de los extranjeros, la violencia de los pobres, de los estudiantes y de los hinchas de fútbol, de los israelíes y de los palestinos. Una imagen vale mil palabras, decía irónicamente Susan Sontag. Pero, curiosamente, a este gobierno le ha fallado la gestión de imagen. Curiosamente este gobierno tuvo un rotundo éxito en prevenir la violencia del llamado Día del Joven Combatiente. Este gobierno (como cualquier gobierno) tiene todas las herramientas tecnológicas y legales para identificar a los jóvenes psicológica y emocionalmente dañados que recurren a la violencia como forma de expresión. Son tan pocos y tan fáciles de identificar (como se demostró el último Día del Joven Combatiente), que cuesta entender la pasividad, la inoperancia, la impotencia del Ministerio del Interior ante la violencia. Usted, partidario del gobierno, miembro de la elite, pregúntele al señor ministro: ¿qué pasó con el sistema diseñado por Jorge Nasser, mediante el cual se logró reducir la violencia el Día del Joven a su menor expresión de los últimos años? Pregúntele por qué se dejó de utilizar: se llevará una sorpresa.

Los mandos policiales dicen que las bombas lacrimógenas son para evitar el combate cuerpo a cuerpo y el uso de lumas, palos y elementos más peligrosos. Yo les creo. Dependen de Interior. Pero a los encapuchados, a los violentos que figuran en una o más bases de datos, ni siquiera hay que reprimirlos más: basta con llamarlos a declarar el día de la protesta. Pero la orden no llega ni a tribunales ni a fuerzas especiales. La orden de Interior como que es dejarlos actuar. La orden como que se diluye en la enorme necesidad de rating de los noticiarios, la necesidad de la elite de explicárselo todo a través del miedo.


lunes, 8 de agosto de 2011

Robocop y la utopía neoliberal




Recuerdo cuando la vi en el cine Olimpo de Viña (¿o fue en el Rex?). En cualquier caso ninguna de las salas existe. Yo no conocía ni siquiera la palabra cyberpunk, pero si sabía que Ronald Reagan, Thatcher y Pinochet tenían un cuento. Yo estudiaba ingenieria comercial y sabia que estaban privatizándolo todo. No se me escapó el chiste de que la ciudad de Detroit, financieramente quebrada en un futuro no muy lejano, ha privatizado todos los servicios incluyendo la policía (law enforcement). La administración se la ganó la Corporación Omni, donde un ejecutivo inescrupuloso maneja el crimen y planea robotizar la policía. El resto de la peli es sabida: de un poli asesinado nace Robocop, el arma mas efectiva contra el lumpen delictivo urbano jamás creado por el hombre. El experimento perfecto. Pero el ejecutivo no cuenta con los trabajadores: los policías de carne y hueso votan ir a huelga, y se desata el caos.

Una película visionaria, Robocop. Anticipó en casi un cuarto de siglo los acontecimientos de Agosto 2011, el mes en que la máquina saltó por los aires. Anarchy in the UK, campamentos en Israel, indignados en España, Demencia legislativa en EE.UU y movimiento estudiantil-ciudadano en Chile.

¿Cree usted en la casualidad? ¿En la astrología? Yo no, pero las respeto a las dos, y es singular que el sistema esté colapsando en España, en Chile, en UK., EE.UU. e Israel. Son los cinco máximos ejemplos mundiales de la NeoLibCon (o NeoConLib), la alianza entre neoconservadurismo y neoliberalismo que ha llevado al mundo al callejón. Cinco países que, en distintos contextos, se compraron el mix NeoConLib entero y ahora lo ven colapsar.

Fast Forward: Israel, EE.UU, UK y Chile desmantelaron sus estados de bienestar. Chile privatizó las pensiones y la educación. EE.UU y UK externalizaron la industria. Israel desmanteló su Estado de Bienestar en medio de una guerra. Chile gasta el 3,4% del PIB en defensa. España le puso precio a cada hectárea de su territorio y los bancos transformaron a millones de mil-euristas en seudopropietarios que ahora están indignados. Israel sigue siendo militarmente fuerte, pero su clase media se asfixia. EE.UU sigue siendo militarmente fuerte pero millones de estadounidenses no tienen seguro de salud. Chile sigue siendo militarmente fuerte y macroeconómicamente estable, pero 57% de sus ciudadanos no confían ni en el gobierno ni en la oposición. Todo esta reverendamente mal, quizá terminalmente mal…

Pero en este quinteto de naciones desdichadas, estos cinco jinetes del Apocalipsis NeoConLib, no todos están reaccionando igual.

En Chile miles de estudiantes tienen paralizado a un gobierno. En Israel 1 de cada 10 ciudadanos esta acampando en plazas y marchando en la calle. En EE.UU nade hace todavía nada (sospecho que los estadounidenses simplemente se miran, discreta y desconfiadamente por encima del hombro). Y en UK, cuna del punk, país desarrollado, especulativo, plutocrático y multiétnico, gobernado hoy por la única derecha secular que queda en el mundo (aparte de Francia y Alemania), un país donde 331 personas han muerto bajo custodia policial entre 1998 y 2011, ahí simplemente saquean.

Saquean en Camden, Notting Hill, saquean en Birmingham y en Liverpool. Saqueaban en Chile durante el terremoto y temblaba cuando Piñera juró como presidente. Hoy todo tiembla. Y cuando murió Franco, Pinochet lo fue a ver. Y cuando Pinochet estuvo detenido en Londres lo fue a ver Thatcher. Y mientras en Chile hoy se rebelan los aspiracionales, en Londres se revelan los flaites. Los ingleses son los chilenos de Europa. Los israelíes son los chilenos del Medio Oriente. Los españoles son los chilenos en veinte años más, aspiracionales estafados. Y se acerca el 2012.

Se anticipó en un cuarto de siglo Robocop (dirigida por Paul Verhoeven). Como cuando los flaites saquean Detroit a piacere porque los policías votaron la huelga, y solo queda Robocop para hacerles frente. En Robocop la corporación Omni planea no solo robotizar a la policía, sino dinamitar toda la ciudad y reconstruirla cerca. Mientras más flaites mate Robocop, mejor. Reconstruirán Detroit en otro lado y la rebautizaran Delta City, la Utopia NeoLibCon, una ciudad sin Estado, una ciudad 100% privatizada. Pero Robocop todavía tiene memoria humana y desenmascara al ejecutivo que maneja el crimen. Lo acribilla en medio de una sesión de directorio y la Corporación se redime porque, mal que mal, era película gringa, esas que ocurren fuera de la realidad.

domingo, 7 de agosto de 2011

Doble A




Chile en crisis. Israel en crisis. Italia y España en crisis. Los sistemas humanos pasan por largos periodos de estabilidad, pero su entropía fundamental (que unos ganan mucho poder a costa de otros), les pasa finalmente la cuenta. Porque los desempoderados subjetivizan el agravio, crean relatos que se van pasando de generación en generacion, hasta el momento mágico o trágico en que explotan y se transforma en acción. Porque los empoderados creen que sus privilegios durarán para siempre, asumen riesgos absurdos, crean dogmas y se aíslan de la realidad hasta que esta les estalla en la cara.

Con el downgrade de EE.UU como emisor de deuda estamos ad portas de ver el colapso de setenta años de historia financiera. Una bomba racimo que ha caído sobre la economía mundial y sacude su arquitectura completa. Mañana lunes las carteras de todos los Estados, bancos, fondos de pensión, aseguradoras, valdrán menos. 1,5 billones de dólares menos. Los gobiernos corren a prestarse ropa pero ya es tarde y solo tienen dos salidas: default o inflación. O se imprime dinero… o Game over.

Creo que la respuesta será inflación. Dólares y euros mucho más baratos. China estará indignada pero sin mucho margen para influir, pues depende que europeos y estadounidenses consuman, y mucho.

Este escenario de fin de época, los efectos macroeconómicos de una reforma radical en la educacional chilena cobran otro cariz. De hecho, en una recesión mundial como la que se vislumbra (larga y profunda) el aumento de gasto publico seria hasta bienvenido. La necesidad de aislar el efecto inflacionario mediante mayores tasas de interés desaparecería o se reduciría significativamente, así como el efecto indeseado de apreciar aún más el peso. Pero sigue vigente la pregunta sobre el financiamiento, planteado en el post anterior: ¿impuestos, liquidación de reservas internacionales, o déficit? O las alternativas más radicales: ¿venta de activos (privatización) o renacionalización de la gran minería del cobre? ¿Quien da más?

sábado, 6 de agosto de 2011

Lo que costaría financiar las demandas


Supongamos que los estudiantes ganaran. Supongamos que en las próximas semanas dejaran sin munición a carabineros. Supongamos que un gobierno acorralado aceptara plebiscitar un aumento intempestivo del presupuesto de educación equivalente al 1% del PIB. 2.000 millones de dólares.

Para votar Si o No a semejante propuesta, los chilenos debieran saber que las alternativas de financiamiento reales son:

Que suban los precios
Que suban las tasas de interés
Que el dólar caiga.
Que se reduzcan otros presupuestos del Estado
Que suban los impuestos
Una combinación de las anteriores.


¿Cuál es mejor o peor? Economista marginal desmenuza el queque.

a) Un aumento de gasto público implica aumento de demanda agregada. Pero la capacidad productiva del país y los precios internacionales de todo lo que importa no pueden satisfacer toda esta mayor demanda. Una parte se traducirá en mayores precios. La inflación pasará tranquilamente de dos dígitos si no se toman otras medidas, así que vaya imaginándoselo si ya es de solo uno.

b) Por estatutos, el Banco Central debe controlar la estabilidad de los precios. Para que el mayor gasto no provoque inflación, tiene que reprimir la mayor demanda mediante mayores tasas de interés, que inhibe el gasto privado. Vaya amortizando si se elige esta a sangre de pato. Además que los empresarios invertirán menos, se crearán menos puestos de trabajo, etc.

c) Si suben las tasas, los bonos del Banco Central se tornan más atractivos a nivel mundial y llegará más inversión extranjera de cartera. Mayor demanda por pesos chilenos hace al dólar bajar. Un lindo estimulo para que el chileno conozca el mundo. Mande a su hijo a estudiar a Europa. Aproveche de conocer el Taj-Mahal. Pero si exporta vino o fruta, si le pagan consultorías en dólares o euros, vaya preocupándose.

d) Si no queremos que más gasto público en educación no provoque inflación, aumente el costo de las deudas o abarate escandalosamente el dólar, el Estado tendrá que bajar otras partidas presupuestarias. ¿Que tal salud? Mala idea. ¿Justicia? Peor: no queremos puerta giratoria ni bochornos internacionales, así que vamos construyendo más cárceles. Bajemos ciencia y cultura. ¿A quien le importan los científicos o los artistas? Pero es tan poco lo que gastan que sería una maldad. Bajemos defensa, dice usted, el pacifista. La mayor parte son sueldos, pensiones y manutención del arsenal atómico que los gobiernos de la Concertación comprometieron para motivar a los uniformados. A menos que los vendamos a pérdida. Finalmente: ¡despidamos funcionarios! (Broma).

e) Si no queremos que el gasto se pague con mayor inflación, mayores tasas, dólar bajo o menos gasto fiscal en otro sector sensible, el gobierno tendrá que subir los impuestos. ¿Cuáles, mi reina? El royalty ya se asignó a la reconstrucción, y si sube el IVA habrá barricadas hasta en Las Condes. Si sube el impuesto a las utilidades, la CPC y la Sofofa saltarán. ¿Pero cuantos votos da la el Club de la Unión? Pocos, pero vaya que financia campañas. Y arriba quemando el sol.


Hay una quinta opción adicional y es traer reservas internacionales: la he dejado aparte porque es el peor negocio de todos. Vender las posiciones en bonos del tesoro en los mercados de hoy es a perdida. Traer los dólares fortalecerá aun más al peso y botara aun más el dólar. Todo mal.

Alguna combinación tendrá que adoptar el gobierno (y la oposición anodina y descapitalizada) si quiere encajar los 2.000 millones de dólares de gasto publico adicional y desmovilizar a los estudiantes. Una tarea políticamente titánica y que solo se puede ganar parafraseando a Don Francisco: con el apoyo de todos.

viernes, 5 de agosto de 2011

La Comuna




Desde mi ventana vi como una turba se tomaba la esquina clave de la capital y bloqueaba el tránsito. Vi también como el carro policial huía después de arrojar una bomba lacrimógena. Tres veces intentó la policía retomar la esquina, y tres veces los manifestantes regresaron hasta que finalmente el autoridad desistió. Para los consumidores de noticias televisivas comenzó entonces un proceso extraño, porque muchos (entre ellos yo) comenzaron a moverse a ambos lados de la pantalla.

Al bajar después de que las lacrimógenas se disiparon pude comprobar que la calle no estaba tomada por el lumpen ni jóvenes drogadictos, sino por mis propios vecinos: jóvenes profesionales, diseñadores, artistas visuales, profesores universitarios, cocineros de restaurantes caros. Algunas parejas homosexuales observaban el espectáculo con ternura y los perros, infaltables en cada acto político chileno, movían la cola al ritmo de las cacerolas que se tomaron el barrio.

Lo que se vio anoche en varias comunas de Santiago y de Chile está más cerca de los indignados españoles y egipcios. Algo que arrastra a personas moderadas y para nada marginales a mostrar su rechazo al sistema político y económico vigente. Porque es un hecho que ya pocos pueden ocultar: Chile vive la mayor crisis política desde el retorno a la democracia. Una crisis postmoderna en cuanto no la lideran partidos políticos ni la financian potencias extranjeras.

Max Weber distinguía entre la ética de los resultados y la ética de los fines últimos. La ética de los resultados es pragmática y dispuesta a obtener resultados mediante negociación. Los chilenos le dieron el beneficio de la duda a esta última durante veinte años. Venían de un periodo traumático y todo lo que oliera a conflicto los asustaba. De ahí que dejaron a las cúpulas políticas y empresariales negociando a puerta cerrada la estabilidad jurídica para el capital, o la entrega más que generosa de los recursos naturales a la explotación privada extranjera. Total, se consumía a crédito, los conflictos sectoriales se resolvían mediante llamados telefónicos y, con el tiempo, se creó un sistema de protección social “pobre pero honrado”.

Pero el sistema no estaba preparado para envejecer. Su gran prueba de estrés, la alternancia, resultó catastrófica: sin la capacidad de hacer arbitraje de conflictos a través de operadores políticos, sin un gran relato histórico e ingenuamente convencido de poder traducir gestión empresarial en políticas públicas, el gobierno ha logrado romper records de impopularidad. Pero es el sistema entero, oposición incluida, el que ha perdido legitimidad a una velocidad asombrosa: imposible repetir los acuerdos cupulares de antaño y aplicar la ética de resultados. Los estudiantes impusieron otra, la de los resultados ulteriores, la ética que no hace concesiones: educación pública de calidad y fin del lucro. Eso les permite subir su apuesta y dejar a la autoridad en el callejón sin salida que hoy se encuentra.

Los cacerolazos de anoche parecían transformar en ritmo la lista de agravios de cada sujeto: contra la casa comercial, contra el operador de celulares, el sistema de transporte, de salud y de educación. Los chilenos se han saturado de indicadores que los sindican como campeones mundiales de todo lo que hace una sociedad infeliz: el país más desigual, el país con la educación más cara, el país con más cesáreas, etc. Al tomare calles y esquinas anoche se formó una comuna: algo muy, pero muy novedoso.

miércoles, 27 de julio de 2011

La Decadencia del Imperio





Hace ya más de tres años, cuando la crisis subprime recién comenzaba a manifestarse, compartí mesa con Bernard Litaer. Este economista belga, funcionario del banco central de su país, fue uno de los arquitectos de la moneda conocida hoy como Euro. Políglota, ducho en mitología y arquetipos (a ratos oírlo era como estar frente a un Jodorowski economista) Litaer dijo en aquella ocasión: si las cosas se ponen muy mal, los norteamericanos van a revocar la convertibilidad del dólar y adoptar una moneda interna a la que los extranjeros no tendrán acceso: como lo era el rublo en tiempos de la Unión Soviética o el renmibi chino de hoy. O sea, una expropiación en regla a todos los que han comprado bonos del tesoro.

El pronóstico está por verse, pero tiene el mérito de haber anticipado lo que hoy estamos viviendo: la inminencia del default fiscal más grande de la historia, o un peldaño más hacia el fin de la hegemonía mundial estadounidense. Si de aquí al lunes no se llega a un acuerdo aunque sea transitorio, pasará lo primero, con sus consecuencias colosales sobre los equilibrios financieros globales, pues los bonos del tesoro estadounidense son el troncal del sistema financiero mundial. Si bajan de peldaño en el “sello de confianza” de las calificadoras, habrá un efecto dominó en todo el planeta. Implica para otros Estados, fondos de pensión, aseguradoras y grandes bancos perder su sostén básico en términos de riesgo financiero, el que permite obtener liquidez inmediata para pagar las obligaciones básicas. Todos estos actores deberán reequilibrar contra el tiempo sus carteras. Los bancos tendrán que reacomodar sus ratios de deuda, recalcular los encajes, deshacer contratos de derivados, y un largo etc.

Para EE.UU implica que interrumpir la cadena de pagos desde el corazón mismo, el gobierno federal. Tal y como ocurrió en Argentina hace ya una década. Eso y un alza de tasas de interés en momentos en que la reactivación aún es débil: la doble caída recesiva que arrastrará a aquellas economías que dependen de que los estadounidenses cambien su Toyota todos los años, descorchen toneladas de Veuve Cliquot para thanksgiving o renueven el lazo con la creación en Macchu Pichu o Torres del Paine.

Será también un punto de inflexión institucional para EE.UU. La comparación parecerá odiosa a moros y cristianos, pero la situación actual de Barack Obama tiene más de un parecido con la de Salvador Allende. Salvadas las distancias (enormes, lo reconozco), ambos se enfrentan a un parlamento dominado por opositores que no solo no están dispuestos a negociar salidas políticas de emergencia, sino que ven en él la encarnación de un mal metafísico (de ahí lo anterior). El bochorno institucional cuenta menos que la defensa de la fe en un Dios que sabe poco de finanzas. El juego de suma cero (the suckers dilemma) se impone a la cordura y opaca a los partidarios de una ética de resultados, los pragmáticos de Max Weber.

Los republicanos no solo no saben sumar (tuvieron que rehacer su propuesta porque los números no cuadraban) sino que además no saben historia. Al reventar las cuentas federales, obligarán a los estados a buscar salidas de emergencia. Yo, en mi condición de economista marginal, no descartaría que hagan lo mismo que Argentina: emitirán patacones, pseudo dólares y/o monedas complementarias para pagarle el sueldo al bombero, al policía, al jubilado y al profesor secundario, y evitar el incendio social.

jueves, 14 de julio de 2011

Cuatro cerditos y un cerdote

La economía, o más bien los economistas, son muy proclives a hacer aseveraciones seudocientíficas, soportadas en complejas regresiones y cálculos econométricos para ir en apoyo de la ideología del poder corporativo. Uno de los más conocidos es que el salario mínimo produce desempleo y perjudica a los trabajadores jóvenes y menos calificados y a las Pymes. Un poco de historia: el concepto de salario mínimo fue incubado en Australia a fines del siglo XIX. Eran salarios mínimos sectoriales y, poco después Nueva Zelanda creó un salario mínimo nacional. Que se sepa, ni los trabajadores de la lana eran particularmente cañificados (sí muy sindicalizados), ni el mecanismo perjudicó el avance de estas dos naciones hacia el desarrollo económico: hoy nos superan en todo.

Y claro, la oferta y la demanda de trabajo no son únicas, se comportan de manera diferente por sector y de acuerdo al ciclo económico, el drama de las pymes es no tener acceso al crédito, etc. Por eso resulta tan pertinente para todos (y rentable para sus impulsores), lo que hace Steven Leavitt, aquí analizado por Pablo Tromben.

Pero sigamos con los mitos. Que liberalizar el sector financiero iba a mejorar la asignación de recursos, favoreciendo los mejores proyectos. Que levantar las trabas a la construcción iba a abaratar el precio de la vivienda. Combinadas, estas dos caras de la misma moneda (devaluada) produjeron un entuerto del que ni Europa ni EE.UU parecen capaces de salir. Es que el tamaño de los swaps y derivados financieros llegó a adquirir tal magnitud, los incentivos tan perversos y equívocos, que hoy hacer adelgazar a cerditos es sinónimo de sangre, sudor y lágrimas, especialmente para de cuatro Europeos (Portugal Ireland Italy Greece & Spain) y un gran cerdo de Kentucky, cuya casita subprime se desmoronó con el viento.

martes, 21 de junio de 2011

No es el poder

Mientras el caso La Polar se judicializa (y se politiza, era qué no), algunos comienzan a echarle la culpa al modelo de gestión y de propiedad de la empresa que ensartó a casi medio millón de personas.

Nuestro asesor jurídico Pablo Tromben nos aclara el tema:





Conforme avanzan las semanas, se empiezan a conocer más detalles del caso La Polar, se difunden la cantidad de afectados, el monto de las provisiones (el más del doble de lo inicialmente comunicado al mercado) y, siendo las 10:20 minutos del lunes 20 de junio de 2011, el precio de las acciones se transa en $380 una caída porcentual de un -66,43%.

En cuanto a las causas de este desastre, se señala, que el accidente problema de La Polar, se produjo básicamente por la falta de un accionista controlador, en palabras de Alejandro Ferreiero, ex Superintendente de Valores y seguros "Así como hablamos de que la concentración de la propiedad a veces trae problemas, porque puede eventualmente suponer un perjuicio para los minoritarios, la falta de controlador claro genera un ambiente donde los ejecutivos pueden percibir que operan con menos controles”.

Veremos que tal afirmación se relativiza si se tiene presente cuál es la experiencia en los mercados financieros más desarrollados y si se presta atención a un par de normas de nuestra ley de sociedades anónimas.

La teoría y el patrón imperante en Chile.

Según Armour, Hansman y Kraakman, en “The anatomy of Corporate Law”, a propósito de los patterns of corporate ownership, en Estados Unidos y el Reino Unido, hay un gran número de sociedades o corporaciones que transan sus acciones en bolsa, las que presentan un dispersed share ownership. Ningún accionistas individual o grupo de accionistas, son capaces de ejercer control sobre la compañía. Por el contrario en países pertenecientes a la tradición europea continental, las sociedades que transan sus acciones en bolsa tienen un accionista controlador, a través de un accionista individual o “una familia”, tal como en Italia; otra compañía o un grupo de compañías que actúan coordinadamente, como en Alemania; o por el Estado, como en el caso de Francia.

Reconocen que no hay acuerdo en cuanto a cuáles son las fuerzas que moldean los referidos patrones de propiedad, citando estudios que sostienen que son las estrategias de protección a accionistas no controladores, frente al oportunismo gerencial y de los controladores, las que tenderían a determinar un patrón diluido de propiedad accionaria. O la interrelación con el desarrollo industrial, en el caso de Japón y los países de tradición europea continental.

Según el Profesor de la Escuela de Administración de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Fernando Le Fort, la estructura óptima para una corporación que opera en un mercado de capitales competitivo consistiría en una gran cantidad de accionistas pequeños, propietarios de acciones comunes, que no tengan otro rol en la empresa y que deleguen su autoridad en un directorio y un grupo de ejecutivos.

Asimismo, sostiene que la menor protección a los inversionistas a través de leyes, regulaciones y mecanismos corporativos, se ve en la práctica compensada por un aumento en la concentración de la propiedad, lo que determinaría que los inversionistas busquen protegerse a sí mismos aumentando su poder de voto. Esta solución de gobierno corporativo no está exenta de problemas, ya que la existencia de un accionista controlador implica que los accionistas minoritarios así como otros inversionistas y stakeholders se encuentran más expuestos a ser expropiados.

En el escenario nacional, el patrón imperante es el del conglomerado o grupo, que controla directa o indirectamente a sociedades anónimas con cotización bursátil.

El Caso La Polar:

La Polar escapa de la regla general imperante en Chile, ya que se encuadra en el patrón de propiedad accionaria diluido, no existiendo ningún accionista que posea más del 10%.

¿Evitó la propiedad diluida el oportunismo gerencial en perjuicio de los accionistas y de los estamentos no accionarios?, la respuesta es claramente no. La pregunta que surge inmediatamente es por qué convendría que La Polar tuviera un controlador. La teoría –y ciertamente la práctica- indica que es más probable que los problemas – y los costos- de agencia, se presenten con más fuerza cuando existe un controlador.

¿Qué dice la ley de sociedades anónimas?

Si la administración de la sociedad anónima recae por expresa disposición legal en el directorio, y las funciones de los accionistas son más bien escasas y se ejercen en la junta de accionistas –que requiere de un serie de formalidades para su convocatoria y celebración-, la forma en que los controladores pueden fortalecer su posición y obtener un rol preponderante –en desmedro o no de minoritarios y terceros- es asegurar su representación en el directorio. A través de este pueden nombrar gerentes y ejecutivos principales.

La ley de sociedad anónima es clara: los directores elegidos por un grupo o clase de accionistas tienen los mismos deberes para con la sociedad y los demás accionistas que los directores restantes, no pudiendo faltar a éstos y a aquélla a pretexto de defender los intereses de quienes los eligieron. En otras palabras, los deberes fiduciarios de los directores son los mismos para y a favor de todos los accionistas, y correlativamente, su cumplimiento, puede ser exigido por todos ellos, en contra de aquellos.

La regla es clara y precisa, aunque quizás meramente programática. A mi juicio, permitiría prescindir de la discusión académica respecto a qué patrón de propiedad es más óptimo o eficiente para controlar el problema de agencia y maximizar el valor de la corporación. Sin importar la filiación de los directores, y si existe o no un controlador, estos deben ejercer sus funciones y sus derechos y deberes a favor de la compañía y su accionistas, considerados como un todo. Tienen la obligación de controlar y dirigir a la administración, ya que en la relación directores-gerentes, son los directores quienes ocupan el rol de principal. El gerente es un agente y, en caso de extracción de valor y de expropiación de minoritarios, son los directores los responsables.

lunes, 13 de junio de 2011

Contabilidad creativa y utopías de mercado

Imaginémonos un arquero que jamás ataja goles, pero que viste una camiseta vistosa, posa para los fotógrafos y firma autógrafos para la galería, con su prestigio intacto. ¿Cómo explicar esta paradoja? Es lo que sucede con las clasificadoras de riesgo. Trátese e países enteros (Grecia), sectores económicos (inmobiliario EE.UU) o de simples empresas de la periferia económica mundial (La Polar), en contadísimas ocasiones han sido capaces de una linda atajada que sostenga la fe pública en los emisores de deuda o títulos accionarios.

La Polar no tendrá el calado para poner en jaque el sistema previsional chileno. En las carteras consolidadas de las administradoras, la cadena comercial no es ni el 1%. Pero escándalo sí supone un fuerte golpe a su credibilidad. Para su interpretación legal, léase la columna siguiente por P. Tromben.

Como Enron, es un caso de contabilidad creativa. La gerencia pensó haber encontrado la piedra filosofal para transformar sus metales innobles en oro. A los morosos se les renegociaba unilateralmente, aumentando sus deudas y maquillándolas de manera de inflar el activo y reducir las provisiones. Ingeniería contable para lograr un aumento de capital en términos beneficiosos. Hubiera funcionado en 1997, cuando los consumidores eran corderos para el sacrificio, pero en 2011 era jugar con fuego.

Por alguna razón los guardianes del sistema actúan a veces como sus más feroces enemigos. El anarquista despistado, el vegano recalcitrante, el ambientalista radical son meras piedras en el zapato al lado del poder devastador del alto funcionario infectado con “el virus del agente”. La pregunta ahora es si existen otras carteras viciadas en el retail, o si La Polar es, siguiendo el ejemplo de Enron, el anticipo de una crisis de mayor envergadura. Los mercados financieros, a pesar de su supuesta reacionalidad, llevan algo así como trescientos años levantando utopías que tarde o temprano se desmoronan.

Cabe preguntarse también si el gobierno chileno, a diferencia del de George W. Bush, está sintonizado con salvar al sistema de su enemigo interior y pagar los costos de corto plazo. Los políticos rara vez lo hacen, y para probarlo vale este singular relato de la burbuja inmobiliaria española.

jueves, 9 de junio de 2011

La Polar... llegar y refinanciar (Pablo Tromben*)



Una serie de rumores circulan en los medios y en la twitosfera, relacionados con una serie de prácticas de renegociaciones unilaterales de acreencias realizadas por La Polar. Todavía se conocen muy pocos detalles, pero el hecho es que las acciones de la empresa cayeron un espectacular 41,36% .

Lo que sí se sabe es que su gerente general interino comunicó esta mañana, como hecho esencial, que el directorio de la compañía fue informado recientemente (sesiones extraordinarias de fecha 6 y 8 de junio de 2011) respecto de las “políticas y prácticas de la compañía relacionadas con las renegociaciones de deuda de los tenedores de tarjetas”. En la gestión de la cartera de crédito “se habrían efectuado de una forma no autorizada por el Directorio y en disconformidad con los criterios y parámetros establecidos por la compañía (…). Cuento corto: una reestructuración global de la plana administrativa y la adopción de provisiones adicionales. En español puro y simple: van a perder dinero… mucho dinero (unos 200.000 millones).

Sabemos que se trata de un emisor de valores de oferta pública, cuyas acciones se transan en bolsa y que dentro de sus accionistas , entre otros inversionistas “sofisticados”, figuran AFP, Administradoras Generales de Fondos, Compañías de Seguros y Fondos Mutuos.

¿Cómo pudieron estar tan equivocados, tan perdidos? Incluso fondos de pensiones clase E (menos riesgos), estimaron que había poco riesgo en La Polar y que invertir en ella era un buen deal.

¿Falla la regulación y soluciona el mercado?

Por su calidad de emisor de valores, la Polar está sujeta a una serie de obligaciones adicionales para resguardar a los inversionistas que confiaron en ella. Se supone que los mecanismos de fortalecimiento de gobiernos corporativos implementados en los últimos años, tanto por el legislador, como por la SVS, están para algo. Además la empresa daba señales al mercado, en cumplimiento de sus obligaciones de información y publicidad, y a los operadores financieros que canalizan las inversiones del público.

Estaríamos entonces frente a un fenómeno de “asimetrías de la información” y a un problema de la agencia y sus costos en varios niveles: accionistas-administración; accionistas mayoritarios-accionistas minoritarios; y accionistas minoritarios-estamentos no accionarios. Todo mal.

Ni la infinidad de obligaciones de información, de mecanismos de fortalecimiento de gobiernos corporativos, el comité de directores integrado en su mayoría por directores independientes, ni el derecho –obligación ante la SVS después del caso FASA- que les corresponde a los directores de estar informados de todo lo relacionado con la marcha de la empresa, fueron suficientes para evitar la situación que afecta a esta empresa y a los millones de chilenos cuyos fondos de pensiones se invirtieron en ella.

Si fracasan las estrategias normativas para evitar este tipo de situaciones, es el mercado el que deviene en “regulador de última instancia”, castigando directamente a la empresa, mediante la reducción de su valor, e indirectamente a los inversionistas que con culpa o no –producto del riesgo inducido- invirtieron en la Polar.

No es conveniente ni prudente confiar en forma excesiva en el mercado como regulador: a lo largo de la historia ha quedado demostrado que hay muchas oportunidades, bajos instintos y moral hazzards que no lo hacen el más indicado para hacer la pega. Lo recomendable es profundizar las estrategias normativas y de gobierno corporativo. Son las precauciones básicas para este tipo de situaciones que tanto daño producen al sistema en su conjunto.

Finalmente dejamos al lector la cita que Nouriel Roubini y Stephen Mihm hacen en “Cómo salimos de ésta” de John Maynard Keynes quien dice en su libro “A Tract on Monetary Reform” que “los economistas se plantean una tarea demasiado fácil, y demasiado inútil, si en cada tormenta lo único que nos dicen es que cuando pasa el temporal el océano está otra vez tranquilo”

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* Abogado y hermano mayor de Economista Marginal

lunes, 6 de junio de 2011

Mundos Paralelos

¿Existirá un universo paralelo donde el capitalismo no existe? ¿Otro donde el patriarcado nunca fue la forma dominante de sociedad? ¿Un tercero donde vivimos en una teocracia sin Estado? Y si nos remitimos más y más atrás: ¿un universo donde el planeta Tierra no formó una atmósfera capaz de bloquear los rayos ultravioleta y la vida simplemente nunca surgió?

El gran hallazgo ontológico del siglo XX es el principio de la indeterminación. Las partículas atómicas pueden estar en dos lugares al mismo tiempo. Se han fabricado armas atómicas en base a ello. Experimentamos, aquí y ahora, el tiempo como sucesivo, pero si viajáramos a la velocidad de la luz lo veríamos retroceder. Freud hizo algo parecido con la mente y los sueños. Durmiendo vivimos en un lado B donde violamos todos nuestros tabúes racionales.

¿Hubo realmente dos guerras mundiales, el capitalismo y la democracia liberal ganaron la Guerra Fría? La memoria dice que sí. Hay fotos, archivos, documentales, películas… Y sin embargo... En veinte años más se recordará que los árabes hicieron en el siglo XXI lo que los franceses hicieron en el XVIII. Y que latinoamericanos quisieron tener democracias de verdad y se tomaron las calles.

El determinismo histórico nos dice: lo que está pasando es la única posibilidad. Dice esta ideología que el sistema (en toda su complejidad) es un resultado racional. Pero Freud, Einstein y Planck le dirán que usted y yo somos solo posibilidades, y que nuestro cotidiano, dominado por empresas de retail, aseguradoras, oligopolios bancarios y productos transgénicos, es resultado del azar, un output que vivimos o padecemos (elija usted) porque algunos hicieron su trabajo y otros no.

Una de los que lo está haciendo es Annie Leonard, estadounidense, magíster en planificación urbana de Cornell y creadora de la película de animación The Story of Stuff. Leonard es una ambientalista especial y su foco está en el ciclo de los productos que consumimos sin la menor conciencia de donde vienen ni donde van a parar. The Story of Stuff es un éxito viral en internet y un ataque en clave Plaza Sésamo al capitalismo globalizado. Ha analizado también, desde la misma perspectiva, la industria electrónica, los cosméticos, el agua embotellada y el comercio de bonos de carbono.

“Con los años, me obsesioné un poco con todas mis cosas”, dice Leonard. “¿Alguna vez te preguntaste de dónde vienen todas las cosas que compramos y adónde van a parar cuando las tiramos? Yo no podía dejar de preguntármelo. Así que investigué. Lo que dicen los libros de texto es que las cosas simplemente se mueven a través de un sistema: desde la extracción, a la producción, a la distribución, al consumo y a la disposición o desechos. A esta suma de etapas se le llama la ‘economía de los materiales’. Yo indagué un poco más. De hecho, pasé diez años viajando por el mundo para rastrear de dónde provienen nuestras cosas y adónde van. ¿Y sabes lo que descubrí? Que ésta no es toda la historia. Que hay muchos huecos en esta explicación. A primera vista, este sistema parece funcionar bien. Sin ningún problema. Pero la verdad es que es un sistema en crisis. Y la razón por la que está en crisis es que se trata de un sistema lineal y nosotros vivimos en un planeta finito”.

Leonard analiza las externalidades de cada una de las etapas del proceso: el agotamiento de los recursos no renovables, los materiales químicos altamente tóxicos en la fabricación, la enajenación del consumo y la acumulación de materiales no degradables al final de la cadena. Es contundente y didáctica, aunque comete el pecado de no citar sus fuentes.

De esta falencia se cuelga su principal detractor (“su perseguidor”, podríamos decir en términos cortazarianos), un tal Lee Doren, abogado y “coordinador comunicacional” de Competitive Enterprise Institute, un think tank conservador y libertario (como se le llama en EE.UU a los libremercadistas extremos) fundado por Exxon, Ford y Pfeizer, entre otros.

Es interesante contrastar ambas posturas: son, literalmente, universos paralelos acunados en la misma matriz cultural. Si tuviera que hacer sus respectivas genealogías, diría que Leonard es hija de Thoreau, Whitman, William Carlos Williams, Joan Baez y Bob Dylan. En cuanto a Lee Doren… Milton Freidman, Ayn Rand (el quivalente al Guardián en el Centeno de derecha) y… ¿La Biblia James? Juzgue usted mismo.